-¿Quién es tu amiguita, Sean?- pregunto un chico casi tan alto como Sean, de piel blanca y ojos cafés claro.
-Es mi novia, Gabriel- mintió Sean, provocando que la sangre iluminara mis mejillas-. Se llama Natalia.
-Ella no puede ser tu novia, es menor que tú- se quejo una chica morena de cabello negro, largo; tenía una expresión asesina en los ojos y me fulminaba con ellos.
-Eso no tiene nada que ver, Mirey- bufo Sean abrazándome por la cintura-, no harás un drama de esto.
La chica me miro con ira y se volteo, haciendo mala cara. El resto suspiro y negó con la cabeza, como si no fuera la primera vez que sucedía algo como eso, yo seguía sonrojada e incapaz de emitir algún sonido o palabra; miraba la arena con aire ausente, esperando que alguien más rompiera con el incomodo silencio que se había generado entre nosotros. Las olas del mar se rompían en cuanto tocaban tierra, y el ulular de las gaviotas era todo lo que se escuchaba como ruido de fondo, además del sonido del agua moviéndose inquietamente lamiendo lentamente la costa de la playa; me había metido en un lio muy grande y ni siquiera me había dado cuenta de ello, al menos no completamente… no era del todo consciente en ese momento. Mire a los que me rodeaban con cautela, evitando levantar sospechas y que ellos me miraran también; todos miraban a Mirey y entre ellos mismos, como si se comunicaran solo con la mirada… o se encontraran tan absortos como yo con los encandilantes sonidos de fondo que había en la playa.
Una muchacha menuda se acerco al chico que identifique como Gabriel, tenia el cabello negro azulado y los ojos grisáceos; le murmuro algo al oído y él suspiro para luego mirar a los demás. Parecía mostrarle mucho respeto a Gabriel, como si él fuera su maestro o alguien superior a ella… eso no lograba comprenderlo, pero tampoco existía la confianza suficiente como para preguntar los motivos.
-¿Dónde están tu hermana y Matt?- farfullo Gabriel mirando a Sean.
-En la escuela, nos alcanzaran aquí en un hora- respondió él sin soltarme.
-¿Qué hay con ella?- inquirió el chico con una duda tremenda reflejada en los ojos.
-Ella se queda… viene conmigo- bufo Sean abrazándome con ademan de propietario.
-No es necesario- gemí, alzando la vista hasta cruzarla con la de él-, yo te esperare por ahí… daré una vuelta, llámame al celular cuando hayan terminado- sonreí para que creyera que estaría bien, después de todo… yo necesitaba un tiempo para asimilar algunas cosas.
-Bien, pero no salgas de la playa…- me advirtió, asentí y me beso en la frente-, nos veremos en un rato…
Volví a asentir y mire a Sean alejarse con Gabriel y la chica; suspire y comencé a caminar por la playa, adorando el calor del sol acariciando mi piel con rudeza, nunca creí que un lugar como Baltimore pudiera llegar a parecerme tan soportable. Pero sin duda lo era, era un lugar lindo para vivir, Billy lo decía todo el tiempo, que tenia un clima excelente, atractivos culturales maravillosos y unas playas fantásticas; era la primera vez que venia a una realmente, jamás habían despertado mi interés y ahora me fascinaban.
Me acerque al mar tranquilamente y comencé a caminar por la línea que me separaba del mar, aunque el agua, arrastrada por la marea, cubría mis pies en algunos momentos, era un buen lugar para pensar… aunque lo que yo necesitaba digerir era la noticia de que alguien estaba dispuesto a matarme sin no se seguían sus condiciones. Suspire, ¿realmente moriría?... ¿a quien podría recurrir en una situación así?... ¿Quién demonios me iba a creer? Todo era demasiado complicado, y era demasiado orgullosa como para volver a Nebraska, además de que no podía jugar con los sentimientos de Billy de esa manera… yo le había prometido que me quedaría una temporada larga con él, no podía salir ahora con que quería regresar; tenia tres días aquí, no podía huir tan cobardemente… y no estaba enteramente segura de que Aarón hablaba con suma seguridad sobre el asunto de matarnos a Irina y a mí. Me senté sobre la arena abrazando mis piernas, mirando el inmenso océano… era tan grande y tan magnifico; tan ostentoso, jamás lo vi tan de cerca… y parecía querer tragarme en sus sombrías aguas, tan profundas como su inmensidad. ¿Qué pasaría conmigo?, ¿Cómo seria realmente?, ¿existía alguna posibilidad palpable y completamente cierta? No lo sabia, no estaba segura de nada… ni siquiera del hecho de volver mañana a la escuela, aunque sabia que era mi deber hacerlo… tampoco podía demostrar cobardía, me mantendría lejos de Ian y de todos ellos, lo mas apartada posible… pero no iba a huir de ellos, no hasta que estuviera segura de lo que ocurría. Si me tocaba morir lo haría de cualquier manera, estuviera donde estuviera… no importaba, pero prefería morir con dignidad o por una persona a la cual amara o fuera muy importante para mí. Era a lo mas que estaba dispuesta, tampoco iba a perjudicar a mis padres, no era problema suyo… era mío por interferir, aunque no lo hubiera hecho con esa intención; había estado en el lugar incorrecto, en el momento menos indicado. Ahora no me quedaba más que esperar un poco para conocer el desenlace teatral de mi dilema, solo eso restaba… esperar, esperar como siempre lo hacia, esperar para conocer las cosas, o para saber como terminaría todo… Nunca me involucraba, nunca lo había hecho y ahora dudaba mucho que eso fuera a cambiar. Era muy estúpido pensar que una persona podía cambiar en un instante como el mío, no conocía a nadie que lo hubiera hecho, no estaba segura de eso… ni de eso ni de nada. ¿Qué voy a hacer?, necesito pensar… me dije con pesar mientras volvía a mirar el mar; estaba en calma, como si nada pudiera perturbarlo… ni el calor, ni el viento… solo existía un astro capaz de dominar sus imperturbables aguas: la Luna, en cualquiera de sus fases. Hubiera preferido ser como el mar, tan calmado… tan maravilloso y de un momento a otro tan feroz y salvaje; siempre a la espera de lo que deparara el destino, esperando pacientemente a que ocurriera lo que tenia que ocurrir… y condenada a estar rodeada de personas y lugares lejanos… pero siempre sola, sin nadie con quien compartir mi felicidad o mi tristeza.
Me levante y mire hacia otro lado, había un pequeño cabo… de rocas inmensas, algo que no se veía muy a menudo en una playa, pero sin embargo era hermoso; decidí acercarme para poder ver el mar desde lo alto de aquel montículo de rocas. Lo único que vi al acercarme fue un muchacho, vestía de negro o al menos de ese color era la extraña capa que llevaba, pude ver el pantalón que usaba… algo poco convencional para estar en la playa, pero lucía muy cómodo con ello; continúe acercándome lentamente, esperando no asustarlo o perturbarlo con mi presencia, parecía pensativo… o dolido, a esa distancia no podía descifrar su rostro, ni nada que tuviera que ver con él. Empecé a subir las escarpadas rocas con cuidado, ignorando el dolor que venia de mis pies al dar un mal paso o toparme con una piedrecilla; casi al llegar arriba, confié la mayor parte de mi peso a mi brazo derecho mientras buscaba un lugar donde apoyar mis pies y seguir subiendo. La roca de la que me sostenía cedió ante mi peso, estaba a dos o tres metros del suelo y la caída no era muy agradable… no con las rocas que había debajo de mí. Grite ruidosamente y cerré los ojos, esperando el impacto; pero lo único que sentí fue una presión en el brazo y que algo nublaba la luz del sol. Mire hacia abajo y vi las rocas, lejos de mí… pero creía que me esperaban.
-Dame la mano- susurro una voz masculina cerca de mí.
Alce la mirada y la cruce con la del chico que había visto antes de subir, la capucha de su capa estaba en su espalda y podía ver su cabello, largo hasta los hombros… de color negro y los ojos un par de tonos mas oscuros que el natural miel que conocía. Tenia su mano derecha extendida en mi dirección, asentí una vez y subí mi mano hasta que sentí la suya sosteniéndome con firmeza, esa firmeza estaba presente en mis muñecas, pero no me lastimaba… al contrario, me inspiraban confianza.
-Intenta subir, no te soltare- prometió sin dejar de mirarme.
Asentí nuevamente y volví a tratar de subir, esta vez ayudada por ese chico, que no me conocía y me había ayudado; mientras subía busque alguno de los anillos que había visto en la escuela, pero no lo encontré… él no iba a hacerme daño, podía estar un poco más tranquila con ese hecho. Caí de rodillas al llegar arriba, jadeando tanto por el susto como por el cansancio, el chico seguía de pie… mirando el mar; me levante con las piernas temblorosas y seguí su mirada. Se veía aun más bello desde ahí, el riesgo había valido la pena, mire al chico que me había salvado y di un par de pasos hasta quedar a su lado; era más alto que yo por algunos 20 centímetros, y sin duda era sumamente atractivo.
-Muchas gracias- murmure apenada-, soy Natalia Bellager.
-No hay nada que agradecer, suele pasar cuando eres novato- respondió sin mirarme, aun ensimismado-. Mi nombre es Isaac Fortune.
-Vaya… fue una fortuna encontrarte entonces- continué tratando de entablar una conversación.
Era un chico callado, y no parecía importarle si estaba solo o acompañado… lo cual me frustro un poco pero no dije nada; me aleje de él y me senté cerca de la orilla para ver el agua moverse lentamente… Un enorme espejo, que solo reflejaba el cielo… por ese motivo lo veíamos azul, o al menos eso había creído desde que era una niña pequeña. Isaac se sentó a mi lado, pero un tanto alejado; bufe y abrace mis piernas… de nuevo esa actitud arrogante, detestaba esto… los habitantes de Baltimore eran demasiado extraños, en Omaha todos se conocían, o al menos la inmensa mayoría, todos eran personas amables y gentiles, honestas, caritativas… y aquí parecía reinar el egoísmo y la arrogancia.
Me saque el celular de la bolsa del pantalón y descubrí un mensaje de texto de Billy, en donde se disculpaba por no haber contestado la llamada… que esperaba que estuviera bien y que nos veíamos en casa. Era momento de pensar en una excusa creíble para mi fuga del colegio, sin avisarle a nadie, Sean iba a cubrirme… lo había prometido y lo obligaría a cumplir si era necesario. Mire de reojo a Isaac, parecía dolido… desdichado, deprimido y no comprendía porque, nunca había entendido bien las expresiones sentimentales humanas, y tampoco me animaba a preguntarle algo; pero me preocupaba su actitud, tan sepulcral y negativa. No solo parecía triste, parecía que estaba dentro de un cuarto de cuatro paredes de treinta metros que mantenían lejos a todos aquellos que trataran de acercarse; no lo entendía, por más que me esforzara no lograba hacerlo. El sol no le daba en ninguna parte del cuerpo, solo a medias en el rostro… debido a su cabello, pero se veía estupendo… como todo un chico rebelde, debido a la soledad en la que vivía; que no sabia si era un castigo personal o estaba obligado a vivir así. ¿Cómo deducía tantas tonterías? ¡No lo conocía!, si no me hubiera ayudado… quizá jamás me hubiera hablado o se habría percatado de mi existencia en el planeta; solo le debía mi vida, y tendría que encontrar la manera de regresarle el favor. Suspire, y me acosté mirando el cielo… quería irme, había perdido la noción del tiempo y no estaba segura si mi padre estaba preocupado, o si Sean lo había llamado para contarle mi primera experiencia como fugitiva, cosa que seguramente alegraría y alarmaría a Billy. ¿Por qué Sean no me llamaba todavía?, ¿de que se trataba su misteriosa reunión? Detestaba no saber el porque de las cosas, pero no era de mi incumbencia aunque yo lo deseara con todas mis fuerzas, al menos sobre esto no podía saber nada… a menos de que se lo preguntara a Sean o a Gabriel y alguno de ellos quisiera darme una respuesta satisfactoria.
Tan solo podía dedicarme a mirar el cielo con aire ausente, sin poder hilar todos los pensamientos que rondaban en mi cabeza, chocando unos contra otros con violencia; pero como milagro divino mi celular sonó luego de unos minutos, era Sean.
-Es hora de irnos, ¿Dónde estas?- me dijo desde el otro lado de la línea.
-A decir verdad, no estoy segura…- admití con un tono alegre-, casi me mato y un chico llamado Isaac Fortune me salvo.
-¿Isaac?- repitió, como si estuviera sorprendido-, ya se donde estas… voy por ti en unos minutos.
Acepte y Sean colgó el teléfono, le lance una mirada furtiva a Isaac y luego mire el agua de nuevo, ¿Sean y él se conocían?, ¿Cómo?, y si se conocían… ¿Por qué él no había ido a la misteriosa reunión? ¡Necesitaba saber!, la curiosidad me carcomía… y estaba poniéndome inquieta por ello. Baltimore era fascinante, iba a gustarme mucho vivir aquí… todos eran raros y sucedían cosas excitantes, aunque yo estuviera excluida de casi todas ellas.
-¿Conoces a Sean Evans?- le pregunte a Isaac una vez que estuve detrás de él sin que lo notara.
-Si, desde hace un par de años- murmuro un poco sorprendido… como si no digiriera el hecho de que no se dio cuenta en que momento me moví-, ¿Por qué?
-Su hermana es mi mejor amiga y él me trajo aquí- respondí mientras me sentaba cerca de él.
-Ya veo- dijo en un susurro casi inaudible.
Era complicado arrancarle unas palabras, era un chico serio y no hablaba más que lo absolutamente necesario, ni más ni menos; eso me intrigaba y me atraía de una forma inexplicable, quería saber más y más sobre él, por eso decidí que asaltaría a Sean con preguntas durante el trayecto que nos llevaría a casa. Sonreí ante mi solución y cerré los ojos, impregnándome con los aromas que había en la playa, sintiendo la brisa marina y el viento rozar mi piel. Eran sensaciones muy agradables, sin duda ahora lo prefería en lugar del frio y la nieve, por mucho; suspire pensando en lo que le diría a mamá en el correo que le enviaría esa misma noche, sin duda le contaría mi anécdota con Isaac… pero omitiría el pequeño detalle de lo que había sucedido en la escuela, si le comentaba algo solo terminaría por confundirla o preocuparla de manera excesiva…
-¿Isaac?- gimió una voz desde la playa. El chico se levanto rápidamente y de un salto bajo de donde nos encontrábamos.
Abrí los ojos como platos y me precipite hacia el lugar desde el que había saltado, esperaba verlo herido… pero se había quedado de pie frente a Sean, Gabriel, Christina, Matt y otros chicos que yo no conocía; retrocedí un par de pasos asustada. ¿Cómo diablos había hecho eso?, ¿Quién o qué era él realmente? Me mordí el labio inferior y me quede donde estaba, sin moverme... sentía los músculos agarrotados, no sabia si por la sorpresa o por el miedo, pero no quería moverme y no lo haría.
-Ve por ella Isaac- farfullo una voz femenina que reconocí como la de Mirey-. No vaya a tener un accidente.
-Creí que no te caía bien- murmuro el chico con sarcasmo.
La chica rió sin gracia y cambio su peso al pie contrario, mientras Isaac subía de nuevo sin mostrar esfuerzo alguno, como si fuera parte de su naturaleza. Lo mire estupefacta, cuando tendió su mano frente a mí me aleje instintivamente, lo que había hecho no era normal… y ahora me asustaba más de lo que me atraía.
-No voy a hacerte daño- prometió mientras avanzaba cautelosamente hacia donde estaba-. Sostente con fuerza, por favor.
No comprendí bien su petición, hasta que me levanto en vilo… como si mi peso no le incomodara en absoluto, cerré los ojos con fuerza y me aferre a la capa que utilizaba; sentí la firmeza de sus poderosos y protectores brazos, rodear mi cuerpo con delicadeza mientras se acercaba a la orilla. Cuando llego al borde escuche unas piedrecillas caer al vacio, trague saliva de forma audible y oculte mi rostro en su pecho, paralizada de miedo. Mi grito quedo congelado en mi garganta cuando me percate, demasiado tarde, de que había saltado… lo adivine cuando ya había llegado al suelo; seguía aterrorizada, y no me animaba a abrir los ojos.
-Dámela, yo la llevare a casa- dijo Sean tomándome en sus brazos.
Cuando me sentí segura cerca de su pecho, cerré los ojos y espere de esa forma a que volviéramos a su auto; todos creyeron que estaba inconsciente por el violento salto que había dado Isaac, y aunque tenían que ver… no era eso lo que me pasaba, estaba pensando en las preguntas que le haría a Sean cuando estuviéramos a solas.
-Christina necesitamos que se acerquen a Irina- farfullo Gabriel con serenidad-, es nuestro deber mantenerla a salvo de ellos…
-¿Qué hay con ella?- pregunto otro chico al cual no le reconocí la voz.
-Tranquilo Kenneth- murmuro Gabriel-, Isaac, Mirey, Steve y Alexander entraran al mismo semestre que ella, Christina e Irina. Cuidaran de ella.
¿Se referían a mí?, ¿acaso sabían lo que había pasado?... en ese momento algunas cosas tuvieron sentido, Sean no había aparecido cerca de la escuela por casualidad… y por esa misma razón Christina no me había llamado para preguntar algo sobre mi desaparición ese día. ¿Qué tenia que ver yo en todo esto?
-Tú y Lía entraran un semestre antes que el de ellos, para que también estén al pendiente- les informo Gabriel-. Por mi parte, estaré en todas las clases de Natalia para cuidarla.
-Yo conseguí un trabajo en el colegio, es mejor que estemos todos juntos… vigilándolos antes de que empiecen a sospechar- murmuro Sean.
-Excelente, entonces… nos vemos mañana- concluyo Gabriel.
Sentí algunas corrientes de aire cerca de mí, y luego las presencias se redujeron hasta, casi, desaparecer. Escuche el suspiro de Christina y la solemne risa de Matt.
-Nos vemos en casa más tarde, ¿tu la llevas?- le pregunto Chris a su hermano.
-Si, yo la llevo… Billy debe estar preocupado por ella.
Entreabrí un ojo y vi como mi mejor amiga se alejaba con Matt, luego Sean les dio la espalda y comenzó a caminar de vuelta a su auto; abrí los ojos y le lance una mirada fulminante.
-Puedo caminar sola- brame mirándolo.
-No me molesta llevarte- admitió encogiendo los hombros.
-Bájame, Sean- le rogué mientras trataba de soltarme.
-Tranquilízate, Natalia- me pidió mientras me bajaba y me tomaba de la mano.
Bufe y camine a su lado de mala gana. El semblante de Isaac me atemorizaba y me inspiraba tristeza, se veía tan desdichado… tan terriblemente solo; y no permitía que nadie pasara los muros que él mismo había forjado a su alrededor. Eso era malo, la soledad solo terminaba por destruirte lentamente, alejando a todas las personas que te quieren; volví a morderme el labio, recordando como lo vi a la distancia… tan solemne e intrigante. Él tenía algo que te mantenía atada a él como un imán atrayendo un pedazo de metal, aunque luego se comportaba muy indiferente… era como si realmente no le interesara otra cosa que no fuera él mismo. Me había salvado la vida y no parecía prestarle mucha atención al hecho de que yo buscaba la mejor forma de agradecerle lo que había hecho por mí.
Decidí que no me importaba que a él no le importaba haberme salvado, de cualquier forma le agradecería… iba a encontrar esa manera. Llegamos al auto y me puse mi blusa de manga larga, la chaqueta y el gorro, Sean se puso una chaqueta y subió para encender su auto; sonreí sin gracia y tome mi lugar a su lado, me miro con una nota de tristeza en los ojos… lo mire confusa y suspire.
-¿Qué ocurre Sean?- inquirí mientras me acercaba a él.
-Va a suceder una cosa, y… tendrá dos posibles consecuencias- admitió sin atreverse a mirarme.
-Yo no…
No pude terminar mi frase, me calló con un tierno beso. Un beso que revolvió todos mis sentimientos, me confundió al principio… en el cual me negaba a responder su beso, pero luego todo el mar de preguntas que se extendió en mi cabeza fue contestado. Yo lo quería, y él a mí… ¿Por qué negarse? Curve mis labios en una sonrisa y respondí su cálido beso, aferrándome a su chaqueta mientras él pasaba una de sus manos por mi cuello hasta alojarla en mi nuca, atrayéndome más hacia él. No opuse resistencia alguna a sus actos, o a lo fiero que se torno el beso, simplemente me deje llevar por lo que ocurría.
Cuando me soltó dejo su frente recargada contra la mía, yo continuaba con los ojos cerrados, pero sonreía alegremente por lo que había sucedido; luego abrí los ojos y lo mire… ya no se veía triste, y eso me alegraba. Me abrazo y entonces lo vi, la mirada de Isaac oculta tras la capucha de la capa negra que llevaba; por el reflejo del sol creí ver una lágrima corriendo ávidamente por su mejilla derecha. ¿Por qué esta sensación afloraba dentro de mí?, ¿Qué significaba? Quería soltar a Sean, bajarme y correr a sus brazos, rogarle que me perdonara… decirle que había sido débil, que jamás volvería a suceder; pero no pude moverme. En un parpadeo Isaac desapareció, dejándome perpleja y confundida; Sean me soltó y emprendió el viaje de vuelta a casa, yo miraba la carretera pensativa. ¿Por qué me había sentido así?, Sean me quería… acababa de demostrármelo, entonces ¿Por qué me sentía tan culpable?, estaba inquieta… quería ver a Isaac y pedirle perdón, por algo que no comprendía bien. Subí las piernas al asiento y mire por la ventanilla que iba abierta, el frio seguía latente en el centro de la ciudad, la nieve aun tapizaba todo lo que podía ver desde en auto.
Bajamos por una calle, y Sean se estaciono frente a mi casa. Yo abrí la puerta y antes de bajar me tomo por el brazo.
-Perdóname, Natalia- murmuro.
-No te preocupes, no pasa nada- sonreí y me soltó.
Mi padre estaba en la puerta de la casa, con aire aliviado; se despidió de Sean con un movimiento de la mano y yo camine hacia la casa con la cabeza baja, mi padre iba a regañarme o al menos me llamaría la atención. Finalmente había vuelto a ser consciente del tiempo, y hacia más de dos horas que había salido del colegio, además de que lo había llamado de un teléfono público dos horas antes de que saliera y ya no había vuelto a ponerme en contacto con él. Suspire. Tendría que acostumbrarme a la vida con Billy, a sus reprimendas… y a todo lo que tenia que ver con él; cuando quede a su altura, se movió un par de pasos y me dejo entrar. No me siguió ni cuando subí las escaleras rumbo a mi habitación, lance la mochila a la mecedora que tenia y me acosté sobre la cama; mi padre caminaba en el piso de abajo, encendió el televisor y volvió a la cocina. Iba a volver a cocinar y esta vez no podía negarme a comer con él, se lo debía… de alguna manera; suspire y mire por la ventana, el cielo seguía encapotado y la nieve que había en el alfeizar complementaba ese extraño paisaje invernal.
Me levante y encendí el computador para enviarle un correo a mamá, antes de tener que enfrentarme a Billy, no estaba segura de lo que iba a ocurrir… no parecía molesto, pero tampoco lucía muy contento con lo que había pasado.
Hola de nuevo mamá, supongo que no has visto mi otro correo… porque aun no me contestas. En fin. Hoy fue mi primer día en el colegio, al salir fui con Sean a la Bahía de Chesapeake. La playa es genial, te enviare fotos luego. Sabes, increíblemente nevó aquí en Baltimore; toda la ciudad se ve como cubierta por un enorme manto blanco. Espero que estén muy bien por haya. Te amo mamá.
Con cariño, Natalia.
Pd. ¿Se puede querer a dos personas al mismo tiempo, aunque a una no la conozcas del todo bien?
Oprimí la tecla de enviar y espere hasta que el mensaje fue enviado. Esperaba una respuesta de mamá, aunque seguramente se sorprendería mucho por la pregunta que le había hecho; no me importaba, la imagen del beso de Sean y lo que sentí al ver a Isaac era todo lo que inundaba mis pensamientos ahora. Quería comprender, sin tener que contarle a nadie los detalles de mi situación.
Me levante y me recargue en el alfeizar. Por primera vez, desde que Billy se mudo a Baltimore y yo comencé a visitarlo, el cielo había permanecido blanquecino por casi dos días seguidos y no mostraba signos de que eso cambiaria pronto. Gemí, cuando comenzó a lloviznar de nuevo, no me gustaba la lluvia… solía deprimirme cuando me sentía confundida y comenzaba a llover. Me quite la chaqueta y camine rumbo al baño para ducharme, estaba llena de arena y olía agua de mar, además mi cabello estaba hecho una maraña por la humedad del ambiente. Cuando salí me puse un pantalón de mezclilla, una blusa verde de botones, mis tennis y la chaqueta que me quite antes de bañarme. Respire hondo y baje las escaleras lentamente, intentando reconocer los ánimos de mi padre, el piso de abajo se sentía tranquilo… mi padre estaba viendo un partido de soccer en la televisión; lo mire unos segundos y me acerque a la cocina. Mi padre apenas alzo la mirada cuando se percato de mi presencia, trague saliva al darme cuenta que él esperaba que fuera yo quien empezara a hablar y pidiera disculpas por mi actitud.
-Lo siento, papá…- inicie, esperando que me mirara y creyera en mis palabras-, yo no me sentía cómoda en la escuela. Te llame del teléfono público porque no tengo crédito y como no contestaste se me ocurrió que podía llamar a Sean, él me dijo que pasaría por ahí y me recogía; le dije que estaba bien y él se empeño en decirme que te avisara… pero lo olvide…
-Esta bien, hija- susurro él mirándome con tranquilidad-, se que Sean puede cuidarte mejor que cualquier otro chico, así que no importa.
-¿Estás seguro, papá?- murmure confundida, él asintió una vez y siguió cocinando-. ¿Qué haces?
-Picadillo primavera- respondió con una sonrisa, ante mi duda-, ¿ya le escribiste a tu madre?
-Si, lo hice antes de meterme a bañar- admití-, ¿puedo cambiarle a la televisión?
-Por supuesto, adelante… te llamo cuando este listo.
Sonreí y entre a la cocina para besar su mejilla, luego me encamine a la sala y tome el control; comencé a cambiar los canales sin ver nada bueno, hasta que encontré una noticia en el canal de CNN. La conductora hablaba sobre un misterioso asesinato cerca de la Bahía de Chesapeake, se trataba de una mujer llamada: Amalia Breas; que fue asesinada esta misma tarde, durante el tiempo que yo había estado en la playa con Isaac. Trague saliva al ver la movilización policiaca, el asesinato había sido sumamente violento… según uno de los detectives había sido con toda una ira contenida, y le habían dejado una marca, como si la mujer fuera una cabeza de ganado. En la palma de su mano izquierda había un símbolo japonés marcado a fuego; era horrible ver la carne chamuscada alrededor de la cicatriz. Yo conocía ese símbolo, lo había visto en otro lado… pero no podía recordar en donde.
Cambie de canal rápidamente, dejándolo en un programa de History Channel, donde estaban hablando de la vida de María Magdalena; realmente no estaba poniéndole atención al programa, aunque se veía interesante. Yo trataba de recordar donde había visto ese símbolo japonés… aunque solo daba vueltas en mi cabeza la causa de la muerte: desmembramiento y estallamiento de viseras. ¿Quién pudo odiarla tanto como para matarla de una manera tan cruel? Parecía irreal, como si todo fuera producto de mi imaginación… combinado con el miedo que me había provocado esa misteriosa charla en la escuela; necesitaba relajarme un poco, la visita a Chesapeake me había ayudado un poco para olvidarme del miedo y el estrés de ese momento… pero ahora, no encontraba el momento de relajarme o alguna cosa que me ayudara a hacerlo.
-Natalia, es hora de cenar- me llamo Billy desde el comedor.
-Vaya, se ve delicioso- admití cuando entre y vi todo servido, tenia bastante hambre… así que me senté a comer con deleite.
También quería preguntarle a Billy sobre los asesinatos, ya que la conductora de CNN había dicho que se trataba del séptimo homicidio y que cada cadáver tenía un símbolo diferente, en una región distinta de la palma.
-Papá, ¿Cuándo empezaron los asesinatos?- inquirí de un momento a otro, mientras daba otro bocado al picadillo.
-Comenzaron el año pasado, y nadie tiene pistas sobre los asesinos… solo los extraños símbolos que dejan en el cuerpo- contesto mi padre, pensativo-, ten cuidado Natalia… la mayoría de los muertos son mujeres… solo ah habido un hombre.
-Qué raro…- admití sin dejar de comer.
Necesitaba descansar, había sido un día sumamente agitado para mi natural rutina; suspire y levante los platos para llevarlos a la cocina y lavarlos, mi padre se recargo en la bardita que daba a la cocina mientras yo lavaba los trastes.
-¿Te gusta Baltimore?- murmuro mirándome.
-Es bonito, supongo que viene en alguna lista de ‘’los mejores lugares para vivir en el mundo’’- bromee mientras me secaba las manos.
-¿Qué te gusta más, la ciudad o Sean Evans?- inquirió Billy con una sonrisa de complicidad.
-¡Papá!- gemí sonrojándome-, solo somos amigos…
Billy asintió sin dejar de sonreír y luego se fue a la sala, cuando termine de limpiar la cocina pase a su lado y bese su cabeza para luego irme a la cama. Cerré la puerta de mi habitación detrás de mí, aun pensando en ese misterioso símbolo japonés; mire la computadora, aun estaba prendida, y me senté frente a ella para buscar los demás asesinatos.
Guarde las imágenes de los símbolos marcados a fuego y luego los busque en internet, encontré la mayoría de los significados, pero aun me parecían conocidos… como si yo los hubiera visto en otro lado. Papá apago el televisor y camino a su habitación, entonces mire la hora en la computadora, era más de medianoche y yo no me había dado cuenta. Cerré la computadora sin apagarla y busque mi pijama debajo de mi almohada, me la puse y me acomode bajo las cobijas. Sentí una extraña curiosidad por abrir el cajón de mi buro, al abrirlo sonreí alegremente, ¡mis libros estaban ahí!, junto con otros que Billy había comprado para mí. Saque mi libro favorito, una gran obra dramática de William Shakespeare: Hamlet; comencé a ojearlo, con la vista cansada… ya que solo leía con la mortecina luz que se colaba por la ventana, desde las grandes lámparas de la calle. Encontré el monologo de Hamlet, donde hablaba de vivir o morir, despertar o dormir y otras cosas más… cuando me quede dormida…
Caí en un profundo sueño sin sueños, al menos al principio; luego me di cuenta que caminaba de la mano con un chico que no conocía; íbamos sobre la playa… caminando tranquilamente. No lograba ver su rostro, pero sentía una extraña mezcla de seguridad y duda al estar con él; pero mi atracción hacia él era más poderosa que cualquier sensación inusual. Sonreí y me recargue en su brazo, cuando se detuvo abruptamente… mirando al frente; seguí su mirada, perdiéndome en unos penetrantes ojos cobrizos, era un hombre… más o menos de la altura de mi acompañante. El hombre que estaba frente a nosotros curvo sus labios en una sonrisa irónica y amenazante, alzo su brazo y me señalo con el dedo índice; me quede sin habla al reconocer el anillo plateado, y al hombre… se trataba de Aarón. Dio un par de pasos en nuestra dirección y pude ver el símbolo en su anillo… era el mismo, el mismo que tenia la chica que había visto en el noticiero esa tarde.
Quise zafarme del agarre de mi acompañante, pero parecía que tenía su mano soldada a la mía; mire a Aarón asustada, y él saco una pistola de su saco. El terror me hizo luchar con más fuerza para soltarme, sin lograrlo; las lágrimas llegaron a mis ojos y salieron sin piedad. Comenzó a llover en la playa, y mis lágrimas eran confundidas con el agua que resbalaba por mi rostro; Aarón sonrío de nuevo y cargo el arma.
-Te lo advertí…- susurro tétricamente y disparo.
Mi acompañante se paro entre la bala y yo, recibiendo el impacto en un costado; luego Aarón desapareció de la playa, dejándome sola con el moribundo; comencé a llorar con más energía mientras trataba de disminuir la emanación de sangre. Entonces pude ver su rostro… era Ian, y estaba tosiendo sangre, negué varias veces con la cabeza mientras ejercía presión en su herida para que no muriera…
-Perdóname, yo… lo intente…- susurro con esfuerzo mientras tomaba mi mano.
-No, no hables… te pondrás bien- murmure sin poder dejar de llorar…
Ian cerró los ojos y curvo sus labios en una débil sonrisa, mientras entrelazaba sus dedos con los míos; me sentí culpable y también sentí como la ira se apoderaba rápidamente de mis pensamientos. Había muerto por mi culpa, y yo no había hecho nada para impedirlo…
-Ian…- gemí cuando abrí los ojos.
Al lado de mi cabeza estaba el libro de Hamlet, cerrado y aun estaba oscuro; me enderece de golpe, apoyándome sobre mis codos en la cama… orientándome para no comenzar a gritar. Mi frente estaba empapada de sudor, respire agitadamente mientras me sentaba en la cama rápidamente; solo había sido una pesadilla… demasiado vivida, pero finalmente una pesadilla. Me levante de la cama reconociendo los ronquidos de Billy…, que provenían del piso inferior…, además de que la televisión aun estaba encendida, y escuchando un pitido que provenía de la computadora, la abrí y entre a mi bandeja de entrada del correo. Mi madre finalmente había contestado…
Hola cariño, discúlpame por no haberte contestado antes, es que no había tenido tiempo suficiente para ponerme a escribir. Me alegra mucho que hayas llegado con bien a Baltimore y que te hayas reunido con tu vieja amiga Christina. Es increíble que hayas ido a la Bahía de Chesapeake, espero que me envíes esas fotografías pronto, debe ser hermoso…
Mitch y yo decidimos visitarte el próximo mes, ya que tendrá unos días de vacaciones… avísale a Billy, de cualquier forma lo llamare en un par de días para darle la noticia de nuestra llegada. Ojala cuando vayamos ya no este nevando, jeje. Te amo cariño, y dice Mitch que siempre me cuidara por ti.
Saludos a todos por haya, con amor. Mamá.
Pd. Es posible cariño, pero no precipites las cosas… todo pasa en su momento, tu tranquila; yo confió plenamente en que sabrás decidir tu mejor opción.
Mi madre confiaba demasiado en mí. Y quizás tenia razón, no podía apresurar las cosas… todo pasaría en su debido tiempo, no antes ni después. Suspire y apague la computadora, mañana temprano le contestaría a mi madre; me desespero escuchar a los comentaristas de la televisión, por lo que decidí bajar a apagarla… y a revisar a mi padre, luego volvería a la cama para tratar de descansar. Abrí la puerta de mi habitación, evitando hacer mucho ruido y luego me aventure por el sombrío pasillo que se extendía frente a mí; baje los escalones, uno a uno… deteniéndome para ver si mi padre despertaba o algo así, la mortecina luz del televisor iluminaba pobremente las escaleras y parte de la blanca pared… que relucía en un tono azul marino ante la luz emanada del aparato. Suspire y termine de bajar, luego camine hacia la sala, con los brazos cruzados… para mantener al frio a raya; apague el televisor y me encamine al cuarto de mi padre, la puerta estaba entreabierta… lo cual me permitió verlo con mayor facilidad y en silencio. Quizá demasiado silencio, parecía que me tragaría en cualquier segundo si se lo permitía. Mi padre estaba profundamente dormido, así que decidí subir y acostarme a dormir, tenía escuela mañana… aunque no anhelara ir, sería complicado… luego de lo que me había enterado; camine rápidamente hasta la escalera y me precipite por ella, ignorando el ruido que pudiera hacer… Billy tenía el sueño pesado y era muy complicado despertarlo.
Me senté en mi cama cuando entre a mi habitación, la luz de los faros de la calle seguía filtrándose por la ventana… dándole a mi cuarto una fuente mortecina de luz extra; sonreí sin gracia y abrí el cajón de mi buro… para meter mi libro de Hamlet, y buscar algún otro que llamara mi atención. Me parecía, hasta cierto punto, absurdo que buscara confort en los libros… enajenándome en ellos para olvidar mi presente y mis experiencias propias; pero no encontraba otro escape, no aquí en Baltimore… donde no podía correr a lo largo del pasillo para recurrir a los protectores brazos de mi madre. Gemí con un atisbo de dolor. La extrañaba, mucho más de lo que había imaginado…; según yo… estaba preparada para esto, en todos los sentidos, pero la realidad era que no lo estaba… jamás lo había estado ni lo estaría. Me acosté en la cama de lado, abrazando mis piernas bajo las cobijas, estaba triste y el sueño amenazaba con vencerme en cualquier segundo… aunque yo aun deseaba pensar y razonar algunas cosas, sobretodo, aquellas que no entendía y tenían que ver directamente conmigo…
Comencé a recordar el beso con Sean, el tortuoso rostro de Isaac y la forma en la que había sido rechazada, y luego defendida, por Ian, era sumamente confuso para mí… pero mi madre me aseguro que si era posible amar a dos personas… pero ¿y a tres? Tanto Sean, como Isaac e Ian me atraían y todos me habían demostrado de una forma u otra que también sentían algo por mí, aunque aun no pudiera descifrarlo completamente, lo presentía de una forma muy extraña. Necesitaba dormir, esperaba no volver a soñar con lo mismo, no quería ver morir a nadie más… no sin que yo fuera capaz de ayudarlo o sacrificarme en su lugar… ya no me importaba que me llamaran mártir por ello, simplemente lo haría por que así me lo dictaba mi corazón, aunque sonara cursi en exceso. Cerré los ojos e inmediatamente me sumergí en un sueño, aparentemente vacio sin sentido… solo escuchaba el mar, las gaviotas, y sentía el sol lamiendo mi cuerpo y la arena rozando mi desnuda piel desde abajo, acariciándola con suavidad. Me negué a abrir los ojos, hasta que una mano se poso sobre mi rostro; era Isaac el que estaba a mi lado, o mas bien sobre mí, mirándome con sus cautivadores ojos clavados en los míos; provocando que la sangre hirviera y subiera a mi rostro, cosa que le causaba gracia y no le incomodaba. Inclino su rostro contra el mí, trabando mi boca en la suya… en un beso tierno, espontaneo y que despertó una gama de sentimientos complicada de explicar con claridad, yo lo abrace por el cuello y continué el beso de una forma mucho mas ferviente que como lo hice con Sean, no sabia, a ciencia cierta, que me guiaba a hacerlo, pero no podía evitarlo. ¿Era él mi mejor opción? No lo sabía… aun.
jueves, 21 de noviembre de 2013
domingo, 15 de enero de 2012
Yvridio 5.1
Pasaron un par de días hasta que pude recuperarme por completo de la
herida en mi costado, James me había
contado su parte de la historia, y yo no había podido evitar enojarme
con él, porque me lo había ocultado; se suponía que nunca nos guardaríamos
secretos, y menos si se trataba de algo tan importante, como… nuestro verdadero
padre, si es que podía llamarlo así. Tarde una semana en volver a hablarle, ni
siquiera podía mirar a Victoria a los ojos, me sentía completamente ajena a
todo lo que alguna vez había conocido; estaba algo preocupada por Mio pues
tenía días sin aparecerse por la Universidad, pero ella era así… esporádica,
quizá apareciera cuando le diera la gana, o quizá no aparecería nunca. Me
estremecí, volviendo al día que la vi con Astarot; él era atractivo, no me
cabía duda de ello, pero también lucia atemorizante, daba miedo.
-Corina- susurro Damien, provocando
que me sobresaltara de manera exagerada.
-A veces detesto esto- respondí, antes
de girar mi cuerpo para encararlo.
-¿Me odias?- pregunto, sonriendo de
lado… como si esperara mi respuesta con un ansia que se le dificultaba ocultar.
-No- inquirí, cerrando los ojos-, no
te odio. Simplemente que tú puedes sorprenderme a mí, y yo a ti no.
-La vida no es justa- argumento,
mirándome fijamente.
-Dímelo a mí…- susurre, volviendo a
mirar por la ventana del edificio.
Era extraño, a pesar de todo lo que había sucedido con mi familia,
Damien era el único que me rodeaba; al parecer, aun con ese deseo loco por
cuidarme… aunque hace unos días yo ignoraba al mundo que me rodeaba, y en el
que yo estaba inmersa, por decisión de ajenos. Simplemente era lo que era, no
podía cambiarlo, no ahora. Cerré los ojos y suspire, sabiendo que Damien me
miraba con curiosidad.
-¿Qué… pasa?- susurro, dándose por
vencido al no saber leerme.
-¿Por qué somos esto?- murmure,
incapaz de prever alguna respuesta de su parte.
Le mire, para poder conocer su expresión. Yo creía que no había nadie
mejor para enseñarme a desempeñar mi papel, más que él. James era tan nuevo en
esto como yo, y al parecer Josep… tampoco sabía mucho sobre todo esto; ayer
Josep me había confesado que era un hibrido… al igual que yo, con la diferencia
que Josep y mi madre eran el mismo tipo de hibrido, hijos de un ángel y un
humano; mientras que James y yo… éramos hijos de un hibrido-ángel, y un
arcángel. El que seguía siendo un misterio era Damien.
Era tan atractivo que yo me aferraba a pensar que era un ángel, un ángel
completo… no un hibrido. Ahora, mientras lo miraba… era la primera vez en meses
que me detenía a mirarlo fijamente, ignorando la primera vez que lo vi en el
gimnasio. Seguía dejándome sin aliento: cabello negro, que brillaba bajo la luz
de la lámpara incandescente, como un ligero arcoíris… como si fuera el plumaje
de un cuervo; su rostro era enmarcado por ese cabello, y lo hacía ver aun más
blanco de lo que era; sus ojos eran negros, aunque en ocasiones parecían tener
algunos destellos azules; su cuerpo, en conjunto, eran una mezcla perfecta… él
era perfecto. Mire por la ventana, deseando que no se hubiera percatado de que
lo había mirado, por demasiado tiempo, se acerco a mí lentamente, como si no
pretendiera interrumpir mi concentración.
-Ser lo que eres, te hace especial…-
susurro, sin mucho ánimo en su voz.
Algo era evidente, Damien Covey ocultaba un pasado sumamente doloroso.
Del que yo solo conocía una parte, una muy superficial… una donde mi familia
estaba indirectamente inmiscuida, y por eso no se enorgullecía de tener el
mismo apellido que yo, y por lo que sabía… yo tampoco estaría muy orgullosa;
cerré los ojos y suspire con serenidad. Eso era algo extraño, la sola cercanía
de Damien me hacía sentir tranquila, no importaba la explicación, puesto que
dudaba que se tratara de algo coherente; simplemente sucedía, y ambos disfrutábamos
de eso, él mismo me había confesado que yo lo calmaba, lo ayudaba a relajarse…
y no sabía el porqué. Quise culpar a mi parte ‘’angelical’’ de eso, pero…
entonces él tendría que tener la suya propia, y eso era algo que yo no sabía.
-Tenemos que ir a clase- susurre,
recordándoselo. Por si lo había olvidado, cosa que nunca pasaba… al menos no a
él, pero estando a su lado… yo si perdía la noción del tiempo.
-El tiempo vuela cuando uno se
divierte- murmuro, dándome la espalda-. Te veo esta noche.
-¿Dónde?- pregunte, sorprendida.
-Deja la ventana abierta…- fue todo lo
que dijo, antes de salir y cerrar la puerta.
En otra ocasión, yo me hubiera asustado por esa petición, o habría
formulado muchísimas ideas en mi cabeza, pero… ahora ninguna había acudido; en
su lugar, mi corazón se había acelerado, y todas las respuestas que pude darle,
murieron en mi garganta. Yo también tenía que salir, pero si alguien nos veía
saliendo juntos de ahí, tendríamos problemas… ambos lo sabíamos. Cerré los ojos
y salí del aula, mirando furtivamente en todas direcciones, deseando que nadie
me mirara; como siempre, nadie lo hizo… sonreí y empecé a caminar, rumbo a mi
siguiente clase… donde estaría al lado de Damien, y de Victoria, mi corazón
volvió a acelerarse… con la sola idea de estar cerca de él, negué con la
cabeza, cerrando los ojos… empecé a caminar sin mirar a nadie, hasta que choque
de frente contra alguien.
-Sigues igual de distraída…- murmuro,
esa maldita voz… que era tan conocida para mí.
Alce la mirada y lo vi, era increíble… después de medio año sin verlo,
volvía a estar ahí, frente a mí, como si nada hubiera pasado, como si todo
fuera como antes, ambos asistiendo a la escuela, compartiendo un par de clases
y luego fugándonos a escondidas a mi casa para pasar tiempo juntos, y solos. Me
quede sin aire de una forma dramática, todos nos miraban, a nadie le parecía
raro vernos juntos, era como una reconciliación… era como si todo volviera a la
normalidad; pero eso no volvería a pasar. Vi su mano acercarse a mi rostro, iba
a tomarlo… como solía hacerlo antes, cuando estábamos juntos, pero esto no
podía ser; me aleje instintivamente, poniendo una distancia prudente entre su
mano y mi rostro.
-Quizá, pero ya no es tu problema-
murmure, mirándolo fijamente a los ojos.
Esta vez era diferente, yo me sentía fuerte… era capaz de pelear contra
él, aunque representara un peligro para mí, ahora sabia más cosas… y de alguna
forma sabia que contaba con el apoyo de James, Josep y, sobretodo, el de
Damien. Él no iba a volver a lastimarme, de ninguna forma.
-Siempre serás mi problema- susurro,
mirándome, con una nota de cinismo.
-Déjate de estupideces, Lucian…-
resollé, mirándolo con la mayor tranquilidad que fui capaz de mostrar-. Quiero
que me dejes tranquila.
-No puedo hacer eso…- cerro los ojos,
mientras se apoyaba contra los casilleros-. Mi deber es cuidarte.
-No necesito que lo hagas, gracias-
admití, cruzándome de brazos-; puedo hacerlo yo sola.
Lo vi sonreír de la manera más hipócrita que había visto en mi vida, él
no era así. Este no era el Lucian que yo conocía, y no me gustaba nada, dude un
minuto… quería mirar hacia otro lado, pero eso le daría una prueba de que lo
que yo estaba diciendo era mentira, al menos en parte.
-Este no es mi deseo, solo hago lo que
me piden- sonrió, imitándome.
-¿Lo que te piden?, ¿Quién?- pregunte,
aunque sonó más a demanda.
-Mi querida y dulce Corina…- susurro,
negando lentamente con la cabeza-, tienes mucho que aprender…
Estuve a punto de hablar, cuando llego Mio, tenía un tiempo sin verla…
me había contestado algunos mensajes de texto, pero era la primera vez que la
veía, me quede muda al ver como llego y beso a Lucian; sonreí, no supe si por
coraje o verdadera felicidad, pero no fue nada agradable verlos. No lucían como
una pareja de novios, era un beso… cargado de sexualidad, no de cariño, baje la
cabeza y cubrí mi boca.
-Corina…- susurro, una voz
tranquilizadora en mi oído, antes de poner su mano en mi cintura-, ¿nos vamos?
Casi sentí el coraje con el que Damien los miraba a ambos, como si ambos
le repugnaran, pero aun así… lo oculto bastante bien, dirigí mi vista hasta su
rostro; tenía la mandíbula tensa, y su mano se mantenía ceñida a mi cuerpo,
firmemente. Subí mi mano hasta su mejilla, y la acaricie suavemente, solo con
las yemas de mis dedos; la tensión del ambiente disminuyo inmediatamente, pero
su agarre no se debilito ni un poco. Mi corazón se acelero por su cercanía, por
su aroma… pero luego volví a ser consciente de lo que ocurría, Mio mantenía su
mano contra el pecho de Lucian, y él nos miraba con cierto recelo.
-Mi deseo no es estar aquí, pero debo
cuidar de ella…- nos informo, antes de volver a besarla apasionadamente-, y ver
que tú no hagas nada estúpido.
-No necesito que…- inicie, enojada,
antes de que Damien pusiera su dedo sobre mis labios.
-Ve y dile al imbécil de Hurgh… y al
idiota de Astarot- inicio Damien con serenidad-, que no hare nada de lo que
quieren. Y que Corina, estará bajo mi cuidado.
-Ojala no cometas un error, mi adorado
Damien…- murmuro Mio, sonriéndole de una manera provocativa-. Eso haría muy
infeliz a Dorian.
La mano de Damien cayo de mi cintura, y se
quedo mirando a Mio con un odio bastante palpable; él se acerco decidido y tomo
a mí, hasta entonces considerada, amiga por el cuello de su blusa, y la alzo contra
los casilleros. Lucian quiso acercarse, pero Damien lo miro un segundo, sin
girar la cabeza; al parecer Lucian no había olvidado que Damien podía hacerle
daño… y aparentemente, tampoco quería arriesgarse a que él me hiciera daño a
mí. Lo cual era estúpido, Damien… él nunca me haría daño, no importaba que esa
hubiera sido mi primera impresión, que era peligroso, ahora que lo conocía un
poco mejor… estaba segura de que no lo haría.
-No vuelvas a nombrarlo- soltó las
palabras como si estás quemaran su garganta.
-¿Por qué te molesta?- insistió Mio,
mirándolo fijamente a los ojos… sin inmutarse por su agarre, yo por mi parte…
no entendía nada-, él es parte de ti…
Damien gruño, evidentemente molesto. La mano con la que sostenía a Mio
se tenso aun más, y la otra la metió en su gabardina, vi una daga… Damien iba a
apuñalarla; no sé cómo pude reaccionar y anticiparme a su movimiento, pero el
arma de Damien penetro sin dificultad en mi hombro, llegando a mi hueso.
-No, dejare que la lastimes…- cerré
los ojos, sonriendo, ignorando el dolor de la herida.
Respire hondo, la mirada de Damien había cambiado, sus ojos no eran de
ese apacible negro que tanto adoraba; esta vez, eran completamente rojos, y se
veía feroz, amenazante… por primera vez, Damien Covey me aterraba… en serio.
Mio sonrió con serenidad, estaba libre… la que se encontraba ahora bajo las
manos de Damien, era yo…
Lo mire a los ojos, tenía miedo, él quería hacerme daño, mucho daño…
-Damien…- susurre, ignorando las
miradas de Mio y Lucian, ellos no podían interferir… estaban, asustados, aunque
yo lograba entender porque-. Te conozco, no vas a hacerme daño, tú no… jamás lo
harías.
Mis palabras no parecían inmutarlo ni un poco, era como si no lograra
oírlas, incluso parecía estar ciego, no veía nada, nada más que mi cuello; lo
patee un par de veces, pero tampoco parecía capaz de sentirlo, yo ya sabía que
era fuerte, que era casi imposible hacerle daño. Pero... Damien no me lastimaría, o ¿sí?
sábado, 29 de octubre de 2011
Fragmento de la vida de Damien Covey
- ¿Qué carajo hago aquí?- me pregunté confundido
Sabía dónde estaba, sabía porque había ido, pero no sabía lo
que hacía ahí. Desde pequeño me criaron para seguir el camino del bien, de una
manera tan forzosa que parecía algún tipo de obligación, ahora… se me estaba
dando ese maravilloso donde elegir; es probable que por esa razón me encontrara
ahí.
¿Sabía que lo que hacía estaba mal? Probablemente, pero en
el fondo me enajene para hacerme creer a mí mismo que eso era lo que quería.
Ciertamente hasta ese momento aún no sabía del todo lo que era, sólo estaban esas ganas de morir, de matar.
Ese tipo de instintos que me hacían intuir lo que en realidad era. Estaba
seguro de que no era un ángel. ¿Tal vez un demonio? Era probable, mi hermano ya
había tomado ese camino. Pero yo, yo no me sentía del todo bien siendo como
uno, ya lo había experimentado, había hecho sufrir a tantas personas como monedas en el pozo de
los deseos, pero eso no me satisfacía del todo. ¿Qué era entonces lo que
buscaba? Libertad, la libertad de elegir, de ser, de pensar, de querer, la libertad
de existir.
La lluvia mojaba mi cuerpo, pero yo ya no sentía frio. De
hecho, ya no sentía gran cosa, sólo tristeza e ira, y muchas veces únicamente
ira. Debí tener miedo, hubiera sido una reacción natural después de tener
frente a mí a Hurgh, una de las tantas formas del rey de los demonios. Debí
sentirme honrado, hubiera sido una reacción anticipada, después de todo, él
mismo había ido a buscarme para que me uniera a sus filas.
- ¿Qué piensas hacer?- dijo él mientras me veía a los ojos
de una manera casi desesperada
- ¿Sabes que en este momento tengo encargado matar a tu mano
derecha verdad?
- Estoy consciente, pero no eres un ángel y lo sabes.
Sus palabras debieron darme en el pecho como una afilada
daga, pero simplemente se sintieron como el soplo de una pequeña briza, mi
mirada seguía fija en él, no sentía miedo, no sentía nada.
- No, no soy un ángel, pero por alguna razón debo matar a
tus malditas perras- sonreí con sarcasmo
- Tú no debes hacer todo lo que él te ordene- replicó
- Ni lo que tú me ordenes tampoco- recobré la seriedad
Hurgh sabía que se estaba tornando un poco difícil el
convencerme de unirme a sus filas, tal vez lo más sensato para él hubiera sido
matarme, pero con esa forma le iba a resultar si no imposible al menos muy
complicado y agotador.
- Tú puedes tomar el puesto de mi mano derecha- sonrió con
desesperación
- Yo no quiero ser tu perra
La lluvia de pronto se esfumó y dejó asomarse a una tímida
luna en aquel cementerio, él pudo ver
mis ojos llenos de seguridad, si bien antes de que se apareciera estaba
completamente seguro de unirme a sus filas, ahora algo había cambiado, no tenía
ni la menor intención de prestar mis servicios a alguien tan incompetente como
él.
- ¿Prefieres morir?
- A veces- coloqué mi mano en la mejilla y la barbilla
- Mandaré a una legión para que te dé una lección
- Sabes lo que haré con tus patéticas legiones- sonreí-
además, no puedes hacerlo, el sello de los ángeles seguirá vigente un par de
años más, después podrás amenazarme todo lo que quieras.
- …cerdo
- ¿Acaso creías que desconocía el porqué te encontrabas en
este mundo con una de tus formas más débiles y lastimeras?
- Estoy hartándome de ti, si no fuera porque me serías de
gran utilidad al igual que tu hermano, ni siquiera estaría perdiendo mi tiempo aquí.
El mencionar a mi hermano no me había causado la menor
impresión, él quería matarme y eso realmente me tenía sin cuidado, tenía peores
cosas de que preocuparme como para pensar en un mocoso envidioso y arrogante.
Pero, sin duda, no sabía que camino elegir, tal vez debía considerarlo con
calma.
- Lo pensaré- bajé la mirada
- Ya no eres tan altanero ahora ¿Verdad?- sonrió satisfecho
- Esfúmate, antes de que cambie de opinión- lo miré con
desprecio
Dicho esto, Hurgh se convirtió en un denso humo negro que se
fue disipando poco a poco, yo me quedé sentado sobre una lápida un par de horas
más, la noche era lo suficientemente tranquila como para pensar. ¿Elegir
siempre era tan complicado?
jueves, 13 de octubre de 2011
Yvridio 4.2
Vaya porquería, ahora que estaba tan cerca de descubrirlo todo…
tendría que seguir esperando; suspire, tratando de tragarme un poco el dolor de
mi costado… ¿en qué momento había pasado esto? Todo se había ido al carajo
demasiado rápido para que pudiera notarlo. Maldije en voz alta, al mismo tiempo
que golpeaba el suelo con el puño, no iba a desmayarme… no lo haría, solo
porque no quería hacerlo. Recordé momentáneamente las palabras de James, al
decirme cuan terca y temeraria era… no me importaba, esa parte de mí me había
mantenido viva muchas veces, me seguía manteniendo cuerda a pesar de todo lo
que me había tocado experimentar los últimos 15 meses de mi vida. Y eso me
había servido para que mis padres no me internaran en una clínica de
rehabilitación mental cuando supieron lo de Lucían; mi estúpida forma de ver
las cosas… me ayudaba a seguir aquí, mi terquedad me funcionaba perfectamente
para seguir de pie; y ahora no sería la excepción. Quite la mano de mi costado,
y la utilice para apoyarme, me erguí lentamente frente a mis padres, mi hermano
y quien fuera la persona que estaba detrás de mí; pude sentir su confusión
cuando ignore el dolor y me erguí por completo…
-Quiero respuestas… y las quiero ahora- resollé, mirando a mis
padres fijamente.
Mi madre corrió a ayudarme
y me llevo a la casa, mientras mi padre se quedaba atónito, mirando a la persona
que se había quedado detrás de mí; mi hermano se quedo con él, solo mi madre y
yo entramos a la casa.
-¿Puedo entrar al baño?- pregunte, soltándome del agarre de mi
madre.
Ella asintió suavemente, y
me miro mientras yo caminaba, o más bien, cojeaba hasta el baño. Entre y cerré
la puerta, me alce la blusa y mire mi reflejo en el espejo; la carne de mi
costado estaba como quemada o rasgada de una forma completamente contraria a lo
que debería hacer; se veía terrible, pero era solo apariencia… se veía peor de
lo que verdaderamente era. Suspire y me quite la blusa, para poder enjuagarme
con tranquilidad, mi madre siempre tenía un botiquín en el baño, así que busque
una gasa y algo de tela adhesiva.
-¿Por qué siempre tienes que ser tan tonta?- mascullo una voz a
mis espaldas, mientras que una gélida mano me ayudaba a ponerme el,
improvisado, vendaje.
-¿De nuevo tú?- inquirí, mirándolo a través del reflejo del
espejo.
-¿Te sorprende?- susurro, como si le causara gracia la expresión
de mi rostro.
-Realmente…- respondí, bajando el brazo, mientras él me ponía el
vendaje… con un cuidado impresionante-. ¿Por qué este afán de cuidarme?
-Si lo supiera, no estaría aquí…- respondió, con una serenidad
increíble, extendiendo una mano para que le diera más tela.
Era estúpido, todo esto lo
era… que me cuidara, que se preocupara… y sobre todo, que estuviera ahí,
conmigo… en el baño, conmigo medio desnuda y ni siquiera mostrara un atisbo de
interés en mí, o no físicamente.
-No lo entiendo…- susurre, cerrando los ojos, mientras le pasaba
la tela adhesiva.
-Nunca entiendes nada, Corina- se rió sin gracia-; sin embargo,
ahora vas por buen camino… ya sabrás porque no me enorgullece ser un Covey… Y
conocerás uno de los mejores guardados, secretos de tu familia.
-Espera… Damien…- gemí, al verlo desaparecer en el reflejo.
¿Por qué era así?, parecía
querer guiarme a algo, pero nunca lo decía abiertamente, simplemente… me daba
palabras o frases claves para que yo continuara indagando por mi cuenta; no era
justo, pero al menos… seguía preocupado por mí… eso era bueno, ¿no? Me mordí el
labio y me puse la blusa, aun llena de sangre; salí de ahí, con un montón de
cosa en la cabeza y me desplome en el sillón de la sala, procurando no
apoyarme, para no manchar la costosa tapicería. Mi madre me miraba con una
tranquilidad, pobremente fingida.
-Madre… ¿Quién es mi padre?- pregunte, con cierto temor a escuchar
la respuesta-. Sé que Christopher Follet, no lo es… y quiero saberlo.
-Cora…- susurro ella, cerrando los ojos, como si recordar el pasado
le trajera recuerdos terriblemente dolorosos-. Tienes razón Christopher no es
tu padre, o no tu padre biológico… porque él te crío, prácticamente toda tu
vida.
-Yo recuerdo a alguien más… ¿Quién es?- inquirí, aun confundida.
-Su nombre es Uriel…- murmuro ella, sin poder mirarme a los ojos.
-Uriel... ¿Qué?- musite. Era como si
mi madre me ocultara algo, algo que no podía revelar de una forma tan sencilla.
-Solo Uriel, Corina- respondió, con
frialdad-, de hecho… para muchos ni siquiera debería existir… para muchos
hombres el único arcángel real es Gabriel, pero Gabriel… es un traidor.
-¿Arcángel?- gemí, ocultando una risa
divertida-, no juegues conmigo, madre…
-¡No lo hago, Corina!- grito,
molesta-, ¿Por qué lo haría?, yo sabía que querrías saberlo en algún momento,
pero si no me crees a mí, pregúntaselo a James… él tuvo esta misma curiosidad
el verano que pasaron en Florencia con nosotros, pero fue Chris quien se lo
conto todo.
-¿Esperas que crea que soy hija de un
arcángel?- sisee, irritada-. Es imposible.
-No, no lo es- continuo ella,
ignorando mi molestia-. Tú te niegas a creer que eres un hibrido, cuando has
tenido contacto con uno… con uno que debería estar muerto, porque Devora Covey
lo asesino hace mas de 100 años.
-Oh, cierto… el cuchillo- me reí, sin
gracia-. Eso es mentira, Damien Covey es un adolescente cualquiera, común y
corriente.
-¿Por eso siempre está a tu lado
cuando estás en problemas?- pregunto, mirándome fijamente.
-Mera coincidencia- resollé,
molestándome cada vez más.
-Las coincidencias no existen- me
reprocho-. Damien Covey te cuida, porque quiere hacerlo… aun no entiendo
porque, si se supone que tu raza y la suya son enemigas por naturaleza.
-Yo soy buena y él malo… buena broma- farfulle,
recordando cada vez que me había protegido, de mi misma incluso-, eso no puede
ser… él, él no es malo…
-Es lo que tú quieres ver en él… no
más, no menos- siguió, ignorándome, de nuevo-. Damien debería estar muerto, lo
que es… es lo que lo mantiene con vida, Corina.
-¿Y ahora me dirás porque carajo dice
que no me enorgullezca de ser una Covey?- pregunte, levantándome del sillón.
-Damien… es lo que es, porque nuestra
familia es contada- inicio ella.
-Dime algo que no sepa- resollé.
-Déjame hacerlo, y gustosamente lo
hare- me reclamo-, los Covey siempre estuvimos mezclados con seres que no
pertenecen a este plano… tanto ángeles como demonios, todos conviven con los
humanos, pero desde Devora, Damien y Dorian… los demonios predominaron en
nuestra sangre.
>>Devora era prima de Damien y
Dorian, los primeros hijos de un hibrido, que ya había en nuestra familia-
suspiro-, hijos de una Potestad, el ángel de la muerte… y un demonio, hibrido.
-Eso es imposible- grazne, recordando
a Bael.
-No completamente- susurro-, no
siempre se trata de una unión por amor, ni los ángeles ni los demonios tienen
ese tipo de sentimientos; al menos no los de las primeras dos Jerarquías, y los
demonios aman a los humanos, pero no por principios comunes… no como amamos
nosotros; es una guerra por las almas humanas.
-El bien y el mal… la guerra eterna, y
el balance- trague saliva-, ¿Qué hay con nosotros?
-Ustedes simplemente mantienen el
balance, cuidan a los humanos… los protegen. Es su deber, por eso están aquí- respondió ella, mirando por la
ventana-. No tienen otro proposito.
-Entonces, ¿somos marionetas?-
inquirí, cada vez mas irritada.
-No, no son marionetas…
-¡Claro que sí!- gemí, mordiéndome el
labio-. Mantenemos el balance, hacemos lo que los ángeles y demonios deberían
estar haciendo… un humano es alguien con el que siempre vamos a rivalizar,
porque son todo lo que nosotros no. Ellos tienen libre albedrio y tienen el
bien y el mal encerrados en su cuerpo, pero lo dominan y solo utilizan aquello
que les conviene- chille, al sentir que mi labio sangraba-, y nosotros… si somos
aquello que tú dices, solo somos una cosa o la otra, no vivimos en la dualidad
en la que viven ellos, eso es… estúpido; yo puedo seguir eligiendo que quiero
ser… si quiero ser buena o no.
-Lamento muchísimo decepcionarte,
cariño- cerro los ojos- podrás pretender querer elegir, aunque tienes una parte
humana… jamás podrás ser tan mala como lo son ellos, ni siquiera podrás serlo
un poco. Tu parte angelical predomina, y suprime a aquello malo que posees. El único
que podría corromperte es Damien.
-No empecemos con la discusión de
siempre- la mire, con ira-, no me alejare de él… no porque tú quieras.
-Siempre has hecho lo que ha sido tu
voluntad, Cora… y nunca te has equivocado- susurro, levantándose e indicándome
la puerta.
La discusión había terminado. Ella la había
finiquitado de una forma sumamente drástica, aunque de alguna manera eso era
normal, yo había querido ir demasiado lejos y ella se negaba a darme todas las
respuestas; así que... tenía que buscarlas por mi cuenta.
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