jueves, 21 de noviembre de 2013

Yvridio 4.2



Vaya porquería, ahora que estaba tan cerca de descubrirlo todo… tendría que seguir esperando; suspire, tratando de tragarme un poco el dolor de mi costado… ¿en qué momento había pasado esto? Todo se había ido al carajo demasiado rápido para que pudiera notarlo. Maldije en voz alta, al mismo tiempo que golpeaba el suelo con el puño, no iba a desmayarme… no lo haría, solo porque no quería hacerlo. Recordé momentáneamente las palabras de James, al decirme cuan terca y temeraria era… no me importaba, esa parte de mí me había mantenido viva muchas veces, me seguía manteniendo cuerda a pesar de todo lo que me había tocado experimentar los últimos 15 meses de mi vida. Y eso me había servido para que mis padres no me internaran en una clínica de rehabilitación mental cuando supieron lo de Lucían; mi estúpida forma de ver las cosas… me ayudaba a seguir aquí, mi terquedad me funcionaba perfectamente para seguir de pie; y ahora no sería la excepción. Quite la mano de mi costado, y la utilice para apoyarme, me erguí lentamente frente a mis padres, mi hermano y quien fuera la persona que estaba detrás de mí; pude sentir su confusión cuando ignore el dolor y me erguí por completo…
-Quiero respuestas… y las quiero ahora- resollé, mirando a mis padres fijamente.
 Mi madre corrió a ayudarme y me llevo a la casa, mientras mi padre se quedaba atónito, mirando a la persona que se había quedado detrás de mí; mi hermano se quedo con él, solo mi madre y yo entramos a la casa.
-¿Puedo entrar al baño?- pregunte, soltándome del agarre de mi madre.
 Ella asintió suavemente, y me miro mientras yo caminaba, o más bien, cojeaba hasta el baño. Entre y cerré la puerta, me alce la blusa y mire mi reflejo en el espejo; la carne de mi costado estaba como quemada o rasgada de una forma completamente contraria a lo que debería hacer; se veía terrible, pero era solo apariencia… se veía peor de lo que verdaderamente era. Suspire y me quite la blusa, para poder enjuagarme con tranquilidad, mi madre siempre tenía un botiquín en el baño, así que busque una gasa y algo de tela adhesiva.
-¿Por qué siempre tienes que ser tan tonta?- mascullo una voz a mis espaldas, mientras que una gélida mano me ayudaba a ponerme el, improvisado, vendaje.
-¿De nuevo tú?- inquirí, mirándolo a través del reflejo del espejo.
-¿Te sorprende?- susurro, como si le causara gracia la expresión de mi rostro.
-Realmente…- respondí, bajando el brazo, mientras él me ponía el vendaje… con un cuidado impresionante-. ¿Por qué este afán de cuidarme?
-Si lo supiera, no estaría aquí…- respondió, con una serenidad increíble, extendiendo una mano para que le diera más tela.
 Era estúpido, todo esto lo era… que me cuidara, que se preocupara… y sobre todo, que estuviera ahí, conmigo… en el baño, conmigo medio desnuda y ni siquiera mostrara un atisbo de interés en mí, o no físicamente.
-No lo entiendo…- susurre, cerrando los ojos, mientras le pasaba la tela adhesiva.
-Nunca entiendes nada, Corina- se rió sin gracia-; sin embargo, ahora vas por buen camino… ya sabrás porque no me enorgullece ser un Covey… Y conocerás uno de los mejores guardados, secretos de tu familia.
-Espera… Damien…- gemí, al verlo desaparecer en el reflejo.
 ¿Por qué era así?, parecía querer guiarme a algo, pero nunca lo decía abiertamente, simplemente… me daba palabras o frases claves para que yo continuara indagando por mi cuenta; no era justo, pero al menos… seguía preocupado por mí… eso era bueno, ¿no? Me mordí el labio y me puse la blusa, aun llena de sangre; salí de ahí, con un montón de cosa en la cabeza y me desplome en el sillón de la sala, procurando no apoyarme, para no manchar la costosa tapicería. Mi madre me miraba con una tranquilidad, pobremente fingida.
-Madre… ¿Quién es mi padre?- pregunte, con cierto temor a escuchar la respuesta-. Sé que Christopher Follet, no lo es… y quiero saberlo.
-Cora…- susurro ella, cerrando los ojos, como si recordar el pasado le trajera recuerdos terriblemente dolorosos-. Tienes razón Christopher no es tu padre, o no tu padre biológico… porque él te crío, prácticamente toda tu vida.
-Yo recuerdo a alguien más… ¿Quién es?- inquirí, aun confundida.
-Su nombre es Uriel…- murmuro ella, sin poder mirarme a los ojos.
-Uriel... ¿Qué?- musite. Era como si mi madre me ocultara algo, algo que no podía revelar de una forma tan sencilla.
-Solo Uriel, Corina- respondió, con frialdad-, de hecho… para muchos ni siquiera debería existir… para muchos hombres el único arcángel real es Gabriel, pero Gabriel… es un traidor.
-¿Arcángel?- gemí, ocultando una risa divertida-, no juegues conmigo, madre…
-¡No lo hago, Corina!- grito, molesta-, ¿Por qué lo haría?, yo sabía que querrías saberlo en algún momento, pero si no me crees a mí, pregúntaselo a James… él tuvo esta misma curiosidad el verano que pasaron en Florencia con nosotros, pero fue Chris quien se lo conto todo.
-¿Esperas que crea que soy hija de un arcángel?- sisee, irritada-. Es imposible.
-No, no lo es- continuo ella, ignorando mi molestia-. Tú te niegas a creer que eres un hibrido, cuando has tenido contacto con uno… con uno que debería estar muerto, porque Devora Covey lo asesino hace mas de 100 años.
-Oh, cierto… el cuchillo- me reí, sin gracia-. Eso es mentira, Damien Covey es un adolescente cualquiera, común y corriente.
-¿Por eso siempre está a tu lado cuando estás en problemas?- pregunto, mirándome fijamente.
-Mera coincidencia- resollé, molestándome cada vez más.
-Las coincidencias no existen- me reprocho-. Damien Covey te cuida, porque quiere hacerlo… aun no entiendo porque, si se supone que tu raza y la suya son enemigas por naturaleza.
-Yo soy buena y él malo… buena broma- farfulle, recordando cada vez que me había protegido, de mi misma incluso-, eso no puede ser… él, él no es malo…
-Es lo que tú quieres ver en él… no más, no menos- siguió, ignorándome, de nuevo-. Damien debería estar muerto, lo que es… es lo que lo mantiene con vida, Corina.
-¿Y ahora me dirás porque carajo dice que no me enorgullezca de ser una Covey?- pregunte, levantándome del sillón.
-Damien… es lo que es, porque nuestra familia es contada- inicio ella.
-Dime algo que no sepa- resollé.
-Déjame hacerlo, y gustosamente lo hare- me reclamo-, los Covey siempre estuvimos mezclados con seres que no pertenecen a este plano… tanto ángeles como demonios, todos conviven con los humanos, pero desde Devora, Damien y Dorian… los demonios predominaron en nuestra sangre.
>>Devora era prima de Damien y Dorian, los primeros hijos de un hibrido, que ya había en nuestra familia- suspiro-, hijos de una Potestad, el ángel de la muerte… y un demonio, hibrido.
-Eso es imposible- grazne, recordando a Bael.
-No completamente- susurro-, no siempre se trata de una unión por amor, ni los ángeles ni los demonios tienen ese tipo de sentimientos; al menos no los de las primeras dos Jerarquías, y los demonios aman a los humanos, pero no por principios comunes… no como amamos nosotros; es una guerra por las almas humanas.
-El bien y el mal… la guerra eterna, y el balance- trague saliva-, ¿Qué hay con nosotros?
-Ustedes simplemente mantienen el balance, cuidan a los humanos… los protegen. Es su deber, por eso  están aquí- respondió ella, mirando por la ventana-. No tienen otro proposito.
-Entonces, ¿somos marionetas?- inquirí, cada vez mas irritada.
-No, no son marionetas…
-¡Claro que sí!- gemí, mordiéndome el labio-. Mantenemos el balance, hacemos lo que los ángeles y demonios deberían estar haciendo… un humano es alguien con el que siempre vamos a rivalizar, porque son todo lo que nosotros no. Ellos tienen libre albedrio y tienen el bien y el mal encerrados en su cuerpo, pero lo dominan y solo utilizan aquello que les conviene- chille, al sentir que mi labio sangraba-, y nosotros… si somos aquello que tú dices, solo somos una cosa o la otra, no vivimos en la dualidad en la que viven ellos, eso es… estúpido; yo puedo seguir eligiendo que quiero ser… si quiero ser buena o no.
-Lamento muchísimo decepcionarte, cariño- cerro los ojos- podrás pretender querer elegir, aunque tienes una parte humana… jamás podrás ser tan mala como lo son ellos, ni siquiera podrás serlo un poco. Tu parte angelical predomina, y suprime a aquello malo que posees. El único que podría corromperte es Damien.
-No empecemos con la discusión de siempre- la mire, con ira-, no me alejare de él… no porque tú quieras.
-Siempre has hecho lo que ha sido tu voluntad, Cora… y nunca te has equivocado- susurro, levantándose e indicándome la puerta.
 La discusión había terminado. Ella la había finiquitado de una forma sumamente drástica, aunque de alguna manera eso era normal, yo había querido ir demasiado lejos y ella se negaba a darme todas las respuestas; así que... tenía que buscarlas por mi cuenta.

Yvridio 5.2



  Mis palabras no parecían inmutarlo ni un poco, era como si no lograra oírlas, incluso parecía estar ciego, no veía nada, nada más que mi cuello; lo patee un par de veces, pero tampoco parecía capaz de sentirlo, yo ya sabía que era fuerte, que era casi imposible hacerle daño. Cerré los ojos, casi con desesperación. Siempre quise ser más fuerte, en todos los aspectos posibles, pero jamás pude serlo… debía serlo ahora; levante mis brazos dolorosamente, hasta mis manos en sus mejillas, y sonreí…

-Tú no me vas a dañar… porque tú…

Perdí el sonido de mi propia voz.

-¡Damien!- grite, incorporándome violentamente en la cama.

 Algo húmedo me había despertado, al pasarme una mano por el cabello, supe que había sido el sudor que ahora lo empapaba; trate de ubicarme con esfuerzo. Traía una blusa bastante grande, inmediatamente la identifique como una de mi madre, era gris claro, de tirantes anchos y tan larga como para cubrirme por debajo de los glúteos; me descobije con torpeza, y trate de levantarme cuando escuche algunos pasos en el pasillo. Era la casa de mi madre, pero no tenía ni idea de quién, o quienes, se acercaban.

 Me quede ahí, aun tratando de razonar. ¿Qué había sucedido?, ¿Por qué estaba en casa de mi madre?, ¿Qué tan grave fue todo lo que paso?, y lo más importante ¿dónde estaba Damien? Sentí un vuelco en el estómago, algunas imágenes pasaron por mi mente, sobre todo, aquellas que reflejaban los ojos de Damien, su mirada, su ferocidad… el miedo en mi cuerpo. Comencé a temblar…

-¿Hermana?- susurro James al otro lado de la puerta.

 No pude contestar, el temblor de cuerpo me impedía moverme. Sentí como el sudor bajaba por mi espalda; trate de abrazar mi cuerpo sin éxito. La puerta se abrió y los brazos de mi hermano se cerraron a mí alrededor, él me hizo consiente de las lágrimas que corrían por mis mejillas. Cerré los ojos con fuerza, mientras recobraba poco a poco la capacidad de moverme a libertad, trate de serenarme, sin lograr poner orden a mis ideas…

-¿Dónde está?- le pregunte, aun lloriqueando débilmente.

 Mi hermano sabía de quien estaba hablando, su espalda se tenso rápidamente, aunque la presión de sus brazos no cambio en absoluto.

-Afuera…- murmuro, deshaciendo el abrazo con cuidado; siendo incapaz de dedicarme una mirada-, con nuestra madre.

 No entendía a que se refería, mi madre… a ella no le agradaba Damien, o es que, ¿no lo reconocía?, era posible… Devora no era contemporánea de mi madre, quizá… quizá él había cambiado su aspecto, para poder pasar de ser percibido…

-Quiero verlo- inquirí, mirándolo fijamente; aunque por su posición solo podía ver su mentón y parte de su mejilla.

  La distancia que habíamos mantenido hasta ese momento, pareció desvanecerse un instante, solo para volver a alzarse entre nosotros; había algo en Damien, que mi James no terminaba de aceptar, y yo simplemente no podía aceptar lo que estaba pasando. Mi corazón se encogió cuando mi hermano salió por la puerta dejándola entreabierta, permitiendo la entrada de un pequeño haz de luz. Sin embargo, yo no podía cambiar como me sentía, era algo difícil de describir, y de entender incluso para mí.

 Nunca había estado en una disyuntiva tan grande, tan grande como para ir en contra de mi familia, que era lo que más amaba, para estar, si es que esa era la palabra correcta, con alguien a quien no conocía, y que me provocaba miedo. Pero no podía evitar pensar en lo que le había dicho, si es que mi cerebro no me engañaba, yo tenía que saber que le había dicho y necesitaba saber que era lo que él pensaba.

 Levante la mirada, al sentirme observada. Él estaba ahí, de pie, ni siquiera supe en qué momento había llegado, pero ya estaba frente a mí, sin perder ningún detalle de mí; me sentí avergonzada, estaba prácticamente desnuda frente a él. Aunque no parecía importarle en absoluto, él no miraba mi cuerpo, miraba mi rostro; lo supe cuando torció sus labios en una sonrisa divertida, él sabía lo que estaba pensando y como me sentía. Lo odiaba.

-¿Cómo te encuentras?- pregunto quedamente, lanzándole una mirada tortuosa a mi hombro, donde había penetrado la hoja de la daga, herida de la cual estaba más o menos consiente.

-B-bien…- titubee, incapaz de dejar de mirarlo. Hasta que subí la mano hasta tocar la herida, lo cual me hizo hacer una mueca de dolor, que, nuevamente, le pareció graciosa.

 Respire hondo y trate de armarme de valor, antes de volver a hablar…

-¿Qué fue…- inicie, mirando al suelo- exactamente, lo que de dije antes de desmayarme?

-Lo que quiero saber, Corina…- respondió con una serenidad apacible- es lo que sientes tú con respecto a eso.

 Me mordí el labio inferior, empezando a jugar con mis manos torpemente. No sabía lo que pensaba, ni como me sentía. Yo lo admiraba, lo respetaba y le temía en partes iguales; era importante para mí, en una forma que yo no sabía que existiera. Me había defendido, me cuidaba, a pesar de que no me conocía, ¿qué sentido tenía eso?, ¿qué significaba yo para él? Era realmente complejo, y necesitaba tiempo para entenderlo en su totalidad.

-Yo, no lo sé- murmure mirando el suelo-. Es algo que no puedo comprender, no tiene sentido para mí.

 Alce la mirada, y pude verlo por el rabillo del ojo. Estaba quieto, quizá demasiado. Sus ojos estaban cerrados, su aspecto era tan apacible y perfecto, cargado con una belleza imposible de reproducir; algo que podrían haber envidiado los pintores de épocas pasadas, debido a que no hubieran podido inmortalizarlo y hacer justicia a su belleza. Desee que dijera algo, que se moviera o que simplemente me mirara, pero no lo hizo, supe que él esperaba lo mismo, que fuera yo quien acabara con aquella tensión que se había creado entre ambos y que crecía lentamente.

-Damien…- susurre.

 Él se acerco, mirándome con los ojos entreabiertos. Lentamente puso su dedo índice bajo mi mentón y me hizo alzar el rostro con suavidad; su piel era increíblemente suave, y sentí un fuerte cosquilleo cuando hizo contacto con la mía. Me beso. Tan lenta y tiernamente que me quede totalmente pasmada, paralizada por el hormigueo que se apodero de mi cuerpo, haciéndome aferrarme a la cama por un temor invisible a caerme.

 ¿En algún momento hubo algo tan fuerte en tu vida, que te hizo olvidarte de todo?, ¿algo ridículamente simple, que logro embargarte por completo? En mi vida nada lo hizo jamás, siempre pensé que mi vida giraba en torno a Lucian, que él era el principio y el fin de todo lo que yo era; sin embargo, su traición me hizo sentir perdida, como si estuviera cayendo por un abismo sin fondo que sólo me hacía sentir más perdida aun. Y ahora, me sentía renovada, me sentía como yo misma, como quien era antes de Lucian. Mi fuerza interna estaba ahí nuevamente, brindándome nuevas esperanzas de sobrevivir. Quizá ahora podría comprender lo quien era realmente. Ya no tenía porque sentir miedo…

-Ahora, sabes lo que yo siento- me susurro al oído, antes de limpiar las lágrimas que habían salido de mis ojos.

 Salió por la puerta, sin volver la mirada hacia atrás. No sabía si esto era el final de todo, o si era solo el principio, no tenía ni la menor idea de lo que iba a suceder después de esto. Tenía un nudo en la garganta, que me impedía hablar; la sensación volvió a mi cuerpo, me sentí dueña de él nuevamente y me levante. Camine torpemente hasta la puerta de la habitación y la abrí, respire hondo y me apresure a caminar por el pasillo.

 Josep acababa de salir del baño, donde Damien me había ayudado a curar la herida de mi costado; trato de detenerme, pero logre zafarme de su mano; seguí caminando hasta la sala de estar, donde pude escuchar a mi madre gritándome para que me detuviera. James se incorporo violentamente, soltando las manos de Victoria, ella sólo me miraba con los ojos abiertos como platos; Christopher se asomo desde la cocina y profirió un gemido ahogado, antes de volver la mirada a mi madre. Escuche los pasos de Josep acercándose por el corredor.

 No me importaba, tenía que alcanzarlo. Esto no era el final, yo no quería que terminara, no iba a dejarlo desaparecer. Había una razón por la cual yo lo había conocido, y necesitaba saber cual era. Necesitaba saber que era esto que sentía, y hasta donde podía llegar, yo lo quería. Había algo en mí que anhelaba estar con él, y su beso me había demostrado que él se sentía igual. Abrí la puerta principal y el sol me cegó por un segundo, la sensación de cómo calentaba cada parte de mi cuerpo me provoco una emoción nueva, me sentí llena de vida y sonreí.

 Lo busque con la mirada lo primero que reconocí fue un Ferrari 599 GTB hybrid negro, aquel que llamo mi atención ese día en la escuela, aquel que yo sabía que le pertenecía. Baje rápidamente hasta el jardín, la textura del pasto llego a mi mente desde la planta de mis desnudos pies. Cada sensación a mí alrededor me hacía sentir mejor. Comencé a correr cuando vi el arcoíris que reflejaba su cabello bajo los rayos del sol, él pareció escucharme, incluso antes de que yo hablara. No me importo, estaba feliz de ver como se precipitaba hacía mí, sin perder ese andar tan perfecto que lo caracterizaba. Salte a sus brazos, ignorando las miradas de todos lo que estaban en la casa, no importaba. Estaba feliz. Sus brazos se cerraron fuertemente a mi alrededor, casi sentí como sus labios se curvaron en una sonrisa, cuando y rostro se oculto en mi cuello.

 -No quiero que termine- le dije sin poder dejar de sonreír-, quiero saber que puede pasar, hasta donde podemos llegar. Porque… te quiero, Damien.

 Suspiro en mi cuello, haciendo ondear suavemente mi cabello, y provocando un cosquilleo. Enrede una de mis manos en su cabello y busque sus labios, lentamente. Y ahora fui yo quien lo beso, con la mayor precaución posible. La puerta de la casa de mi madre se cerro de un portazo, lo cual me devolvió parcialmente a la realidad, lo que estaba pasando era real y ahora tenía consecuencias que debía asumir, era momento de volver a ser responsable de mis actos.

3.- Vista al mar.

      -¿Quién es tu amiguita, Sean?- pregunto un chico casi tan alto como Sean, de piel blanca y ojos cafés claro.
       -Es mi novia, Gabriel- mintió Sean, provocando que la sangre iluminara mis mejillas-. Se llama Natalia.
       -Ella no puede ser tu novia, es menor que tú- se quejo una chica morena de cabello negro, largo; tenía una expresión asesina en los ojos y me fulminaba con ellos.
       -Eso no tiene nada que ver, Mirey- bufo Sean abrazándome por la cintura-, no harás un drama de esto.
  La chica me miro con ira y se volteo, haciendo mala cara. El resto suspiro y negó con la cabeza, como si no fuera la primera vez que sucedía algo como eso, yo seguía sonrojada e incapaz de emitir algún sonido o palabra; miraba la arena con aire ausente, esperando que alguien más rompiera con el incomodo silencio que se había generado entre nosotros. Las olas del mar se rompían en cuanto tocaban tierra, y el ulular de las gaviotas era todo lo que se escuchaba como ruido de fondo, además del sonido del agua moviéndose inquietamente lamiendo lentamente la costa de la playa; me había metido en un lio muy grande y ni siquiera me había dado cuenta de ello, al menos no completamente… no era del todo consciente en ese momento. Mire a los que me rodeaban con cautela, evitando levantar sospechas y que ellos me miraran también; todos miraban a Mirey y entre ellos mismos, como si se comunicaran solo con la mirada… o se encontraran tan absortos como yo con los encandilantes sonidos de fondo que había en la playa.
  Una muchacha menuda se acerco al chico que identifique como Gabriel, tenia el cabello negro azulado y los ojos grisáceos; le murmuro algo al oído y él suspiro para luego mirar a los demás. Parecía mostrarle mucho respeto a Gabriel, como si él fuera su maestro o alguien superior a ella… eso no lograba comprenderlo, pero tampoco existía la confianza suficiente como para preguntar los motivos.
       -¿Dónde están tu hermana y Matt?- farfullo Gabriel mirando a Sean.
       -En la escuela, nos alcanzaran aquí en un hora- respondió él sin soltarme.
       -¿Qué hay con ella?- inquirió el chico con una duda tremenda reflejada en los ojos.
       -Ella se queda… viene conmigo- bufo Sean abrazándome con ademan de propietario.
       -No es necesario- gemí, alzando la vista hasta cruzarla con la de él-, yo te esperare por ahí… daré una vuelta, llámame al celular cuando hayan terminado- sonreí para que creyera que estaría bien, después de todo… yo necesitaba un tiempo para asimilar algunas cosas.
       -Bien, pero no salgas de la playa…- me advirtió, asentí y me beso en la frente-, nos veremos en un rato…
  Volví a asentir y mire a Sean alejarse con Gabriel y la chica; suspire y comencé a caminar por la playa, adorando el calor del sol acariciando mi piel con rudeza, nunca creí que un lugar como Baltimore pudiera llegar a parecerme tan soportable. Pero sin duda lo era, era un lugar lindo para vivir, Billy lo decía todo el tiempo, que tenia un clima excelente, atractivos culturales maravillosos y unas playas fantásticas; era la primera vez que venia a una realmente, jamás habían despertado mi interés y ahora me fascinaban.
  Me acerque al mar tranquilamente y comencé a caminar por la línea que me separaba del mar, aunque el agua, arrastrada por la marea, cubría mis pies en algunos momentos, era un buen lugar para pensar… aunque lo que yo necesitaba digerir era la noticia de que alguien estaba dispuesto a matarme sin no se seguían sus condiciones. Suspire, ¿realmente moriría?... ¿a quien podría recurrir en una situación así?... ¿Quién demonios me iba a creer? Todo era demasiado complicado, y era demasiado orgullosa como para volver a Nebraska, además de que no podía jugar con los sentimientos de Billy de esa manera… yo le había prometido que me quedaría una temporada larga con él, no podía salir ahora con que quería regresar; tenia tres días aquí, no podía huir tan cobardemente… y no estaba enteramente segura de que Aarón hablaba con suma seguridad sobre el asunto de matarnos a Irina y a mí. Me senté sobre la arena abrazando mis piernas, mirando el inmenso océano… era tan grande y tan magnifico; tan ostentoso, jamás lo vi tan de cerca… y parecía querer tragarme en sus sombrías aguas, tan profundas como su inmensidad. ¿Qué pasaría conmigo?, ¿Cómo seria realmente?, ¿existía alguna posibilidad palpable y completamente cierta? No lo sabia, no estaba segura de nada… ni siquiera del hecho de volver mañana a la escuela, aunque sabia que era mi deber hacerlo… tampoco podía demostrar cobardía, me mantendría lejos de Ian y de todos ellos, lo mas apartada posible… pero no iba a huir de ellos, no hasta que estuviera segura de lo que ocurría. Si me tocaba morir lo haría de cualquier manera, estuviera donde estuviera… no importaba, pero prefería morir con dignidad o por una persona a la cual amara o fuera muy importante para mí. Era a lo mas que estaba dispuesta, tampoco iba a perjudicar a mis padres, no era problema suyo… era mío por interferir, aunque no lo hubiera hecho con esa intención; había estado en el lugar incorrecto, en el momento menos indicado. Ahora no me quedaba más que esperar un poco para conocer el desenlace teatral de mi dilema, solo eso restaba… esperar, esperar como siempre lo hacia, esperar para conocer las cosas, o para saber como terminaría todo… Nunca me involucraba, nunca lo había hecho y ahora dudaba mucho que eso fuera a cambiar. Era muy estúpido pensar que una persona podía cambiar en un instante como el mío, no conocía a nadie que lo hubiera hecho, no estaba segura de eso… ni de eso ni de nada. ¿Qué voy a hacer?, necesito pensar… me dije con pesar mientras volvía a mirar el mar; estaba en calma, como si nada pudiera perturbarlo… ni el calor, ni el viento… solo existía un astro capaz de dominar sus imperturbables aguas: la Luna, en cualquiera de sus fases. Hubiera preferido ser como el mar, tan calmado… tan maravilloso y de un momento a otro tan feroz y salvaje; siempre a la espera de lo que deparara el destino, esperando pacientemente a que ocurriera lo que tenia que ocurrir… y condenada a estar rodeada de personas y lugares lejanos… pero siempre sola, sin nadie con quien compartir mi felicidad o mi tristeza.
  Me levante y mire hacia otro lado, había un pequeño cabo… de rocas inmensas, algo que no se veía muy a menudo en una playa, pero sin embargo era hermoso; decidí acercarme para poder ver el mar desde lo alto de aquel montículo de rocas. Lo único que vi al acercarme fue un muchacho, vestía de negro o al menos de ese color era la extraña capa que llevaba, pude ver el pantalón que usaba… algo poco convencional para estar en la playa, pero lucía muy cómodo con ello; continúe acercándome lentamente, esperando no asustarlo o perturbarlo con mi presencia, parecía pensativo… o dolido, a esa distancia no podía descifrar su rostro, ni nada que tuviera que ver con él. Empecé a subir las escarpadas rocas con cuidado, ignorando el dolor que venia de mis pies al dar un mal paso o toparme con una piedrecilla; casi al llegar arriba, confié la mayor parte de mi peso a mi brazo derecho mientras buscaba un lugar donde apoyar mis pies y seguir subiendo. La roca de la que me sostenía cedió ante mi peso, estaba a dos o tres metros del suelo y la caída no era muy agradable… no con las rocas que había debajo de mí. Grite ruidosamente y cerré los ojos, esperando el impacto; pero lo único que sentí fue una presión en el brazo y que algo nublaba la luz del sol. Mire hacia abajo y vi las rocas, lejos de mí… pero creía que me esperaban.
       -Dame la mano- susurro una voz masculina cerca de mí.
  Alce la mirada y la cruce con la del chico que había visto antes de subir, la capucha de su capa estaba en su espalda y podía ver su cabello, largo hasta los hombros… de color negro y los ojos un par de tonos mas oscuros que el natural miel que conocía. Tenia su mano derecha extendida en mi dirección, asentí una vez y subí mi mano hasta que sentí la suya sosteniéndome con firmeza, esa firmeza estaba presente en mis muñecas, pero no me lastimaba… al contrario, me inspiraban confianza.
       -Intenta subir, no te soltare- prometió sin dejar de mirarme.
  Asentí nuevamente y volví a tratar de subir, esta vez ayudada por ese chico, que no me conocía y me había ayudado; mientras subía busque alguno de los anillos que había visto en la escuela, pero no lo encontré… él no iba a hacerme daño, podía estar un poco más tranquila con ese hecho. Caí de rodillas al llegar arriba, jadeando tanto por el susto como por el cansancio, el chico seguía de pie… mirando el mar; me levante con las piernas temblorosas y seguí su mirada. Se veía aun más bello desde ahí, el riesgo había valido la pena, mire al chico que me había salvado y di un par de pasos hasta quedar a su lado; era más alto que yo por algunos 20 centímetros, y sin duda era sumamente atractivo.
       -Muchas gracias- murmure apenada-, soy Natalia Bellager.
       -No hay nada que agradecer, suele pasar cuando eres novato- respondió sin mirarme, aun ensimismado-. Mi nombre es Isaac Fortune.
       -Vaya… fue una fortuna encontrarte entonces- continué tratando de entablar una conversación.
  Era un chico callado, y no parecía importarle si estaba solo o acompañado… lo cual me frustro un poco pero no dije nada; me aleje de él y me senté cerca de la orilla para ver el agua moverse lentamente… Un enorme espejo, que solo reflejaba el cielo… por ese motivo lo veíamos azul, o al menos eso había creído desde que era una niña pequeña. Isaac se sentó a mi lado, pero un tanto alejado; bufe y abrace mis piernas… de nuevo esa actitud arrogante, detestaba esto… los habitantes de Baltimore eran demasiado extraños, en Omaha todos se conocían, o al menos la inmensa mayoría, todos eran personas amables y gentiles, honestas, caritativas… y aquí parecía reinar el egoísmo y la arrogancia.
  Me saque el celular de la bolsa del pantalón y descubrí un mensaje de texto de Billy, en donde se disculpaba por no haber contestado la llamada… que esperaba que estuviera bien y que nos veíamos en casa. Era momento de pensar en una excusa creíble para mi fuga del colegio, sin avisarle a nadie, Sean iba a cubrirme… lo había prometido y lo obligaría a cumplir si era necesario. Mire de reojo a Isaac, parecía dolido… desdichado, deprimido y no comprendía porque, nunca había entendido bien las expresiones sentimentales humanas, y tampoco me animaba a preguntarle algo; pero me preocupaba su actitud, tan sepulcral y negativa. No solo parecía triste, parecía que estaba dentro de un cuarto de cuatro paredes de treinta metros que mantenían lejos a todos aquellos que trataran de acercarse; no lo entendía, por más que me esforzara no lograba hacerlo. El sol no le daba en ninguna parte del cuerpo, solo a medias en el rostro… debido a su cabello, pero se veía estupendo… como todo un chico rebelde, debido a la soledad en la que vivía; que no sabia si era un castigo personal o estaba obligado a vivir así. ¿Cómo deducía tantas tonterías? ¡No lo conocía!, si no me hubiera ayudado… quizá jamás me hubiera hablado o se habría percatado de mi existencia en el planeta; solo le debía mi vida, y tendría que encontrar la manera de regresarle el favor. Suspire, y me acosté mirando el cielo… quería irme, había perdido la noción del tiempo y no estaba segura si mi padre estaba preocupado, o si Sean lo había llamado para contarle mi primera experiencia como fugitiva, cosa que seguramente alegraría y alarmaría a Billy. ¿Por qué Sean no me llamaba todavía?, ¿de que se trataba su misteriosa reunión? Detestaba no saber el porque de las cosas, pero no era de mi incumbencia aunque yo lo deseara con todas mis fuerzas, al menos sobre esto no podía saber nada… a menos de que se lo preguntara a Sean o a Gabriel y alguno de ellos quisiera darme una respuesta satisfactoria.
  Tan solo podía dedicarme a mirar el cielo con aire ausente, sin poder hilar todos los pensamientos que rondaban en mi cabeza, chocando unos contra otros con violencia; pero como milagro divino mi celular sonó luego de unos minutos, era Sean.
       -Es hora de irnos, ¿Dónde estas?- me dijo desde el otro lado de la línea.
        -A decir verdad, no estoy segura…- admití con un tono alegre-, casi me mato y un chico llamado Isaac Fortune me salvo.
       -¿Isaac?- repitió, como si estuviera sorprendido-, ya se donde estas… voy por ti en unos minutos.
  Acepte y Sean colgó el teléfono, le lance una mirada furtiva a Isaac y luego mire el agua de nuevo, ¿Sean y él se conocían?, ¿Cómo?, y si se conocían… ¿Por qué él no había ido a la misteriosa reunión? ¡Necesitaba saber!, la curiosidad me carcomía… y estaba poniéndome inquieta por ello. Baltimore era fascinante, iba a gustarme mucho vivir aquí… todos eran raros y sucedían cosas excitantes, aunque yo estuviera excluida de casi todas ellas.
       -¿Conoces a Sean Evans?- le pregunte a Isaac una vez que estuve detrás de él sin que lo notara.
       -Si, desde hace un par de años- murmuro un poco sorprendido… como si no digiriera el hecho de que no se dio cuenta en que momento me moví-, ¿Por qué?
       -Su hermana es mi mejor amiga y él me trajo aquí- respondí mientras me sentaba cerca de él.
       -Ya veo- dijo en un susurro casi inaudible.
  Era complicado arrancarle unas palabras, era un chico serio y no hablaba más que lo absolutamente necesario, ni más ni menos; eso me intrigaba y me atraía de una forma inexplicable, quería saber más y más sobre él, por eso decidí que asaltaría a Sean con preguntas durante el trayecto que nos llevaría a casa. Sonreí ante mi solución y cerré los ojos, impregnándome con los aromas que había en la playa, sintiendo la brisa marina y el viento rozar mi piel. Eran sensaciones muy agradables, sin duda ahora lo prefería en lugar del frio y la nieve, por mucho; suspire pensando en lo que le diría a mamá en el correo que le enviaría esa misma noche, sin duda le contaría mi anécdota con Isaac… pero omitiría el pequeño detalle de lo que había sucedido en la escuela, si le comentaba algo solo terminaría por confundirla o preocuparla de manera excesiva…
       -¿Isaac?- gimió una voz desde la playa. El chico se levanto rápidamente y de un salto bajo de donde nos encontrábamos.
  Abrí los ojos como platos y me precipite hacia el lugar desde el que había saltado, esperaba verlo herido… pero se había quedado de pie frente a Sean, Gabriel, Christina, Matt y otros chicos que yo no conocía; retrocedí un par de pasos asustada. ¿Cómo diablos había hecho eso?, ¿Quién o qué era él realmente? Me mordí el labio inferior y me quede donde estaba, sin moverme... sentía los músculos agarrotados, no sabia si por la sorpresa o por el miedo, pero no quería moverme y no lo haría.
       -Ve por ella Isaac- farfullo una voz femenina que reconocí como la de Mirey-. No vaya a tener un accidente.
      -Creí que no te caía bien- murmuro el chico con sarcasmo.
  La chica rió sin gracia y cambio su peso al pie contrario, mientras Isaac subía de nuevo sin mostrar esfuerzo alguno, como si fuera parte de su naturaleza. Lo mire estupefacta, cuando tendió su mano frente a mí me aleje instintivamente, lo que había hecho no era normal… y ahora me asustaba más de lo que me atraía.
       -No voy a hacerte daño- prometió mientras avanzaba cautelosamente hacia donde estaba-. Sostente con fuerza, por favor.
  No comprendí bien su petición, hasta que me levanto en vilo… como si mi peso no le incomodara en absoluto, cerré los ojos con fuerza y me aferre a la capa que utilizaba; sentí la firmeza de sus poderosos y protectores brazos, rodear mi cuerpo con delicadeza mientras se acercaba a la orilla. Cuando llego al borde escuche unas piedrecillas caer al vacio, trague saliva de forma audible y oculte mi rostro en su pecho, paralizada de miedo. Mi grito quedo congelado en mi garganta cuando me percate, demasiado tarde, de que había saltado… lo adivine cuando ya había llegado al suelo; seguía aterrorizada, y no me animaba a abrir los ojos.
       -Dámela, yo la llevare a casa- dijo Sean tomándome en sus brazos.
   Cuando me sentí segura cerca de su pecho, cerré los ojos y espere de esa forma a que volviéramos a su auto; todos creyeron que estaba inconsciente por el violento salto que había dado Isaac, y aunque tenían que ver… no era eso lo que me pasaba, estaba pensando en las preguntas que le haría a Sean cuando estuviéramos a solas.
        -Christina necesitamos que se acerquen a Irina- farfullo Gabriel con serenidad-, es nuestro deber mantenerla a salvo de ellos…
       -¿Qué hay con ella?- pregunto otro chico al cual no le reconocí la voz.
        -Tranquilo Kenneth- murmuro Gabriel-, Isaac, Mirey, Steve y Alexander entraran al mismo semestre que ella, Christina e Irina. Cuidaran de ella.
  ¿Se referían a mí?, ¿acaso sabían lo que había pasado?... en ese momento algunas cosas tuvieron sentido, Sean no había aparecido cerca de la escuela por casualidad… y por esa misma razón Christina no me había llamado para preguntar algo sobre mi desaparición ese día. ¿Qué tenia que ver yo en todo esto?
       -Tú y Lía entraran un semestre antes que el de ellos, para que también estén al pendiente- les informo Gabriel-. Por mi parte, estaré en todas las clases de Natalia para cuidarla.
       -Yo conseguí un trabajo en el colegio, es mejor que estemos todos juntos… vigilándolos antes de que empiecen a sospechar- murmuro Sean.
       -Excelente, entonces… nos vemos  mañana- concluyo Gabriel.
  Sentí algunas corrientes de aire cerca de mí, y luego las presencias se redujeron hasta, casi, desaparecer. Escuche el suspiro de Christina y la solemne risa de Matt.
       -Nos vemos en casa más tarde, ¿tu la llevas?- le pregunto Chris a su hermano.
       -Si, yo la llevo… Billy debe estar preocupado por ella.
  Entreabrí un ojo y vi como mi mejor amiga se alejaba con Matt, luego Sean les dio la espalda y comenzó a caminar de vuelta a su auto; abrí los ojos y le lance una mirada fulminante.
       -Puedo caminar sola- brame mirándolo.
       -No me molesta llevarte- admitió encogiendo los hombros.
       -Bájame, Sean- le rogué mientras trataba de soltarme.
       -Tranquilízate, Natalia- me pidió mientras me bajaba y me tomaba de la mano.
  Bufe y camine a su lado de mala gana. El semblante de Isaac me atemorizaba y me inspiraba tristeza, se veía tan desdichado… tan terriblemente solo; y no permitía que nadie pasara los muros que él mismo había forjado a su alrededor. Eso era malo, la soledad solo terminaba por destruirte lentamente, alejando a todas las personas que te quieren; volví a morderme el labio, recordando como lo vi a la distancia… tan solemne e intrigante. Él tenía algo que te mantenía atada a él como un imán atrayendo un pedazo de metal, aunque luego se comportaba muy indiferente… era como si realmente no le interesara otra cosa que no fuera él mismo. Me había salvado la vida y no parecía prestarle mucha atención al hecho de que yo buscaba la mejor forma de agradecerle lo que había hecho por mí.
  Decidí que no me importaba que a él no le importaba haberme salvado, de cualquier forma le agradecería… iba a encontrar esa manera. Llegamos al auto y me puse mi blusa de manga larga, la chaqueta y el gorro, Sean se puso una chaqueta y subió para encender su auto; sonreí sin gracia y tome mi lugar a su lado, me miro con una nota de tristeza en los ojos… lo mire confusa y suspire.
       -¿Qué ocurre Sean?- inquirí mientras me acercaba a él.
        -Va a suceder una cosa, y… tendrá dos posibles consecuencias- admitió sin atreverse a mirarme.
       -Yo no…
  No pude terminar mi frase, me calló con un tierno beso. Un beso que revolvió todos mis sentimientos, me confundió al principio… en el cual me negaba a responder su beso, pero luego todo el mar de preguntas que se extendió en mi cabeza fue contestado. Yo lo quería, y él a mí… ¿Por qué negarse? Curve mis labios en una sonrisa y respondí su cálido beso, aferrándome a su chaqueta mientras él pasaba una de sus manos por mi cuello hasta alojarla en mi nuca, atrayéndome más hacia él. No opuse resistencia alguna a sus actos, o a lo fiero que se torno el beso, simplemente me deje llevar por lo que ocurría.
  Cuando me soltó dejo su frente recargada contra la mía, yo continuaba con los ojos cerrados, pero sonreía alegremente por lo que había sucedido; luego abrí los ojos y lo mire… ya no se veía triste, y eso me alegraba. Me abrazo y entonces lo vi, la mirada de Isaac oculta tras la capucha de la capa negra que llevaba; por el reflejo del sol creí ver una lágrima corriendo ávidamente por su mejilla derecha. ¿Por qué esta sensación afloraba dentro de mí?, ¿Qué significaba? Quería soltar a Sean, bajarme y correr a sus brazos, rogarle que me perdonara… decirle que había sido débil, que jamás volvería a suceder; pero no pude moverme. En un parpadeo Isaac desapareció, dejándome perpleja y confundida; Sean me soltó y emprendió el viaje de vuelta a casa, yo miraba la carretera pensativa. ¿Por qué me había sentido así?, Sean me quería… acababa de demostrármelo, entonces ¿Por qué me sentía tan culpable?, estaba inquieta… quería ver a Isaac y pedirle perdón, por algo que no comprendía bien. Subí las piernas al asiento y mire por la ventanilla que iba abierta, el frio seguía latente en el centro de la ciudad, la nieve aun tapizaba todo lo que podía ver desde en auto.
  Bajamos por una calle, y Sean se estaciono frente a mi casa. Yo abrí la puerta y antes de bajar me tomo por el brazo.
       -Perdóname, Natalia- murmuro.
       -No te preocupes, no pasa nada- sonreí y me soltó.
  Mi padre estaba en la puerta de la casa, con aire aliviado; se despidió de Sean con un movimiento de la mano y yo camine hacia la casa con la cabeza baja, mi padre iba a regañarme o al menos me llamaría la atención. Finalmente había vuelto a ser consciente del tiempo, y hacia más de dos horas que había salido del colegio, además de que lo había llamado de un teléfono público dos horas antes de que saliera y ya no había vuelto a ponerme en contacto con él. Suspire. Tendría que acostumbrarme a la vida con Billy, a sus reprimendas… y a todo lo que tenia que ver con él; cuando quede a su altura, se movió un par de pasos y me dejo entrar. No me siguió ni cuando subí las escaleras rumbo a mi habitación, lance la mochila a la mecedora que tenia y me acosté sobre la cama; mi padre caminaba en el piso de abajo, encendió el televisor y volvió a la cocina. Iba a volver a cocinar y esta vez no podía negarme a comer con él, se lo debía… de alguna manera; suspire y mire por la ventana, el cielo seguía encapotado y la nieve que había en el alfeizar complementaba ese extraño paisaje invernal.
  Me levante y encendí el computador para enviarle un correo a mamá, antes de tener que enfrentarme a Billy, no estaba segura de lo que iba a ocurrir… no parecía molesto, pero tampoco lucía muy contento con lo que había pasado.
   Hola de nuevo mamá, supongo que no has visto mi otro correo… porque aun no me contestas. En fin. Hoy fue mi primer día en el colegio, al salir fui con Sean a la Bahía de Chesapeake. La playa es genial, te enviare fotos luego. Sabes, increíblemente nevó aquí en Baltimore; toda la ciudad se ve como cubierta por un enorme manto blanco. Espero que estén muy bien por haya. Te amo mamá.
Con cariño, Natalia.
Pd. ¿Se puede querer a dos personas al mismo tiempo, aunque a una no la conozcas del todo bien?
  Oprimí la tecla de enviar y espere hasta que el mensaje fue enviado. Esperaba una respuesta de mamá, aunque seguramente se sorprendería mucho por la pregunta que le había hecho; no me importaba, la imagen del beso de Sean y lo que sentí al ver a Isaac era todo lo que inundaba mis pensamientos ahora. Quería comprender, sin tener que contarle a nadie los detalles de mi situación.
  Me levante y me recargue en el alfeizar. Por primera vez, desde que Billy se mudo a Baltimore y yo comencé a visitarlo, el cielo había permanecido blanquecino por casi dos días seguidos y no mostraba signos de que eso cambiaria pronto. Gemí, cuando comenzó a lloviznar de nuevo, no me gustaba la lluvia… solía deprimirme cuando me sentía confundida y comenzaba a llover. Me quite la chaqueta y camine rumbo al baño para ducharme, estaba llena de arena y olía agua de mar, además mi cabello estaba hecho una maraña por la humedad del ambiente. Cuando salí me puse un pantalón de mezclilla, una blusa verde de botones, mis tennis y la chaqueta que me quite antes de bañarme. Respire hondo y baje las escaleras lentamente, intentando reconocer los ánimos de mi padre, el piso de abajo se sentía tranquilo… mi padre estaba viendo un partido de soccer en la televisión; lo mire unos segundos y me acerque a la cocina. Mi padre apenas alzo la mirada cuando se percato de mi presencia, trague saliva al darme cuenta que él esperaba que fuera yo quien empezara a hablar y pidiera disculpas por mi actitud.
       -Lo siento, papá…- inicie, esperando que me mirara y creyera en mis palabras-, yo no me sentía cómoda en la escuela. Te llame del teléfono público porque no tengo crédito y como no contestaste  se me ocurrió que podía llamar a Sean, él me dijo que pasaría por ahí y me recogía; le dije que estaba bien y él se empeño en decirme que te avisara… pero lo olvide…
        -Esta bien, hija- susurro él mirándome con tranquilidad-, se que Sean puede cuidarte mejor que cualquier otro chico, así que no importa.
        -¿Estás seguro, papá?- murmure confundida, él asintió una vez y siguió cocinando-. ¿Qué haces?
        -Picadillo primavera- respondió con una sonrisa, ante mi duda-, ¿ya le escribiste a tu madre?
        -Si, lo hice antes de meterme a bañar- admití-, ¿puedo cambiarle a la televisión?
       -Por supuesto, adelante… te llamo cuando este listo.
  Sonreí y entre a la cocina para besar su mejilla, luego me encamine a la sala y tome el control; comencé a cambiar los canales sin ver nada bueno, hasta que encontré una noticia en el canal de CNN. La conductora hablaba sobre un misterioso asesinato cerca de la Bahía de Chesapeake, se trataba de una mujer llamada: Amalia Breas; que fue asesinada esta misma tarde, durante el tiempo que yo había estado en la playa con Isaac. Trague saliva al ver la movilización policiaca, el asesinato había sido sumamente violento… según uno de los detectives había sido con toda una ira contenida, y le habían dejado una marca, como si la mujer fuera una cabeza de ganado. En la palma de su mano izquierda había un símbolo japonés marcado a fuego; era horrible ver la carne chamuscada alrededor de la cicatriz. Yo conocía ese símbolo, lo había visto en otro lado… pero no podía recordar en donde.
  Cambie de canal rápidamente, dejándolo en un programa de History Channel, donde estaban hablando de la vida de María Magdalena; realmente no estaba poniéndole atención al programa, aunque se veía interesante. Yo trataba de recordar donde había visto ese símbolo japonés… aunque solo daba vueltas en mi cabeza la causa de la muerte: desmembramiento y estallamiento de viseras. ¿Quién pudo odiarla tanto como para matarla de una manera tan cruel? Parecía irreal, como si todo fuera producto de mi imaginación… combinado con el miedo que me había provocado esa misteriosa charla en la escuela; necesitaba relajarme un poco, la visita a Chesapeake me había ayudado un poco para olvidarme del miedo y el estrés de ese momento… pero ahora, no encontraba el momento de relajarme o alguna cosa que me ayudara a hacerlo.
       -Natalia, es hora de cenar- me llamo Billy desde el comedor.
        -Vaya, se ve delicioso- admití cuando entre y vi todo servido, tenia bastante hambre… así que me senté a comer con deleite.
  También quería preguntarle a Billy sobre los asesinatos, ya que la conductora de CNN había dicho que se trataba del séptimo homicidio y que cada cadáver tenía un símbolo diferente, en una región distinta de la palma.
       -Papá, ¿Cuándo empezaron los asesinatos?- inquirí de un momento a otro, mientras daba otro bocado al picadillo.
       -Comenzaron el año pasado, y nadie tiene pistas sobre los asesinos… solo los extraños símbolos que dejan en el cuerpo- contesto mi padre, pensativo-, ten cuidado Natalia… la mayoría de los muertos son mujeres… solo ah habido un hombre.
      -Qué raro…- admití sin dejar de comer.
  Necesitaba descansar, había sido un día sumamente agitado para mi natural rutina; suspire y levante los platos para llevarlos a la cocina y lavarlos, mi padre se recargo en la bardita que daba a la cocina mientras yo lavaba los trastes.
      -¿Te gusta Baltimore?- murmuro mirándome.
       -Es bonito, supongo que viene en alguna lista de ‘’los mejores lugares para vivir en el mundo’’- bromee mientras me secaba las manos.
      -¿Qué te gusta más, la ciudad o Sean Evans?- inquirió Billy con una sonrisa de complicidad.
      -¡Papá!- gemí sonrojándome-, solo somos amigos…
  Billy asintió sin dejar de sonreír y luego se fue a la sala, cuando termine de limpiar la cocina pase a su lado y bese su cabeza para luego irme a la cama. Cerré la puerta de mi habitación detrás de mí, aun pensando en ese misterioso símbolo japonés; mire la computadora, aun estaba prendida, y me senté frente a ella para buscar los demás asesinatos.
  Guarde las imágenes de los símbolos marcados a fuego y luego los busque en internet, encontré la mayoría de los significados, pero aun me parecían conocidos… como si yo los hubiera visto en otro lado. Papá apago el televisor y camino a su habitación, entonces mire la hora en la computadora, era más de medianoche y yo no me había dado cuenta. Cerré la computadora sin apagarla y busque mi pijama debajo de mi almohada,  me la puse y me acomode bajo las cobijas. Sentí una extraña curiosidad por abrir el cajón de mi buro, al abrirlo sonreí alegremente, ¡mis libros estaban ahí!, junto con otros que Billy había comprado para mí. Saque mi libro favorito, una gran obra dramática de William Shakespeare: Hamlet; comencé a ojearlo, con la vista cansada… ya que solo leía con la mortecina luz que se colaba por la ventana, desde las grandes lámparas de la calle. Encontré el monologo de Hamlet, donde hablaba de vivir o morir, despertar o dormir y otras cosas más… cuando me quede dormida…
  Caí en un profundo sueño sin sueños, al menos al principio; luego me di cuenta que caminaba de la mano con un chico que no conocía; íbamos sobre la playa… caminando tranquilamente. No lograba ver su rostro, pero sentía una extraña mezcla de seguridad y duda al estar con él; pero mi atracción hacia él era más poderosa que cualquier sensación inusual. Sonreí y me recargue en su brazo, cuando se detuvo abruptamente… mirando al frente; seguí su mirada, perdiéndome en unos penetrantes ojos cobrizos, era un hombre… más o menos de la altura de mi acompañante. El hombre que estaba frente a nosotros curvo sus labios en una sonrisa irónica y amenazante, alzo su brazo y me señalo con el dedo índice; me quede sin habla al reconocer el anillo plateado, y al hombre… se trataba de Aarón. Dio un par de pasos en nuestra dirección y pude ver el símbolo en su anillo… era el mismo, el mismo que tenia la chica que había visto en el noticiero esa tarde.
  Quise zafarme del agarre de mi acompañante, pero parecía que tenía su mano soldada a la mía; mire a Aarón asustada, y él saco una pistola de su saco. El terror me hizo luchar con más fuerza para soltarme, sin lograrlo; las lágrimas llegaron a mis ojos y salieron sin piedad. Comenzó a llover en la playa, y mis lágrimas eran confundidas con el agua que resbalaba por mi rostro; Aarón sonrío de nuevo y cargo el arma.
       -Te lo advertí…- susurro tétricamente y disparo.
  Mi acompañante se paro entre la bala y yo, recibiendo el impacto en un costado; luego Aarón desapareció de la playa, dejándome sola con el moribundo; comencé a llorar con más energía mientras trataba de disminuir la emanación de sangre. Entonces pude ver su rostro… era Ian, y estaba tosiendo sangre, negué varias veces con la cabeza mientras ejercía presión en su herida para que no muriera…
       -Perdóname, yo… lo intente…- susurro con esfuerzo mientras tomaba mi mano.
       -No, no hables… te pondrás bien- murmure sin poder dejar de llorar…
  Ian cerró los ojos y curvo sus labios en una débil sonrisa, mientras entrelazaba sus dedos con los míos; me sentí culpable y también sentí como la ira se apoderaba rápidamente de mis pensamientos. Había muerto por mi culpa, y yo no había hecho nada para impedirlo…
       -Ian…- gemí cuando abrí los ojos.
  Al lado de mi cabeza estaba el libro de Hamlet, cerrado y aun estaba oscuro; me enderece de golpe, apoyándome sobre mis codos en la cama… orientándome para no comenzar a gritar. Mi frente estaba empapada de sudor, respire agitadamente mientras me sentaba en la cama rápidamente; solo había sido una pesadilla… demasiado vivida, pero finalmente una pesadilla. Me levante de la cama reconociendo los ronquidos de Billy…, que provenían del piso inferior…, además de que la televisión aun estaba encendida, y escuchando un pitido que provenía de la computadora, la abrí y entre a mi bandeja de entrada del correo. Mi madre finalmente había contestado…
   Hola cariño, discúlpame por no haberte contestado antes, es que no había tenido tiempo suficiente para ponerme a escribir. Me alegra mucho que hayas llegado con bien a Baltimore y que te hayas reunido con tu vieja amiga Christina. Es increíble que hayas ido a la Bahía de Chesapeake, espero que me envíes esas fotografías pronto, debe ser hermoso…
   Mitch y yo decidimos visitarte el próximo mes, ya que tendrá unos días de vacaciones… avísale a Billy, de cualquier forma lo llamare en un par de días para darle la noticia de nuestra llegada. Ojala cuando vayamos ya no este nevando, jeje. Te amo cariño, y dice Mitch que siempre me cuidara por ti.
Saludos a todos por haya, con amor. Mamá.
   Pd. Es posible cariño, pero no precipites las cosas… todo pasa en su momento, tu tranquila; yo confió plenamente en que sabrás decidir tu mejor opción.
  Mi madre confiaba demasiado en mí. Y quizás tenia razón, no podía apresurar las cosas… todo pasaría en su debido tiempo, no antes ni después. Suspire y apague la computadora, mañana temprano le contestaría a mi madre; me desespero escuchar a los comentaristas de la televisión, por lo que decidí bajar a apagarla… y a revisar a mi padre, luego volvería a la cama para tratar de descansar. Abrí la puerta de mi habitación, evitando hacer mucho ruido y luego me aventure por el sombrío pasillo que se extendía frente a mí; baje los escalones, uno a uno… deteniéndome para ver si mi padre despertaba o algo así, la mortecina luz del televisor iluminaba pobremente las escaleras y parte de la blanca pared… que relucía en un tono azul marino ante la luz emanada del aparato. Suspire y termine de bajar, luego camine hacia la sala, con los brazos cruzados… para mantener al frio a raya; apague el televisor y me encamine al cuarto de mi padre, la puerta estaba entreabierta… lo cual me permitió verlo con mayor facilidad y en silencio. Quizá demasiado silencio, parecía que me tragaría en cualquier segundo si se lo permitía. Mi padre estaba profundamente dormido, así que decidí subir y acostarme a dormir, tenía escuela mañana… aunque no anhelara ir, sería complicado… luego de lo que me había enterado; camine rápidamente hasta la escalera y me precipite por ella, ignorando el ruido que pudiera hacer… Billy tenía el sueño pesado y era muy complicado despertarlo.
  Me senté en mi cama cuando entre a mi habitación, la luz de los faros de la calle seguía filtrándose por la ventana… dándole a mi cuarto una fuente mortecina de luz extra; sonreí sin gracia y abrí el cajón de mi buro… para meter mi libro de Hamlet, y buscar algún otro que llamara mi atención. Me parecía, hasta cierto punto, absurdo que buscara confort en los libros… enajenándome en ellos para olvidar mi presente y mis experiencias propias; pero no encontraba otro escape, no aquí en Baltimore… donde no podía correr a lo largo del pasillo para recurrir a los protectores brazos de mi madre. Gemí con un atisbo de dolor. La extrañaba, mucho más de lo que había imaginado…; según yo… estaba preparada para esto, en todos los sentidos, pero la realidad era que no lo estaba… jamás lo había estado ni lo estaría. Me acosté en la cama de lado, abrazando mis piernas bajo las cobijas, estaba triste y el sueño amenazaba con vencerme en cualquier segundo… aunque yo aun deseaba pensar y razonar algunas cosas, sobretodo, aquellas que no entendía y tenían que ver directamente conmigo…
  Comencé a recordar el beso con Sean, el tortuoso rostro de Isaac y la forma en la que había sido rechazada, y luego defendida, por Ian, era sumamente confuso para mí… pero mi madre me aseguro que si era posible amar a dos personas… pero ¿y a tres? Tanto Sean, como Isaac e Ian me atraían y todos me habían demostrado de una forma u otra que también sentían algo por mí, aunque aun no pudiera descifrarlo completamente, lo presentía de una forma muy extraña. Necesitaba dormir, esperaba no volver a soñar con lo mismo, no quería ver morir a nadie más… no sin que yo fuera capaz de ayudarlo o sacrificarme en su lugar… ya no me importaba que me llamaran mártir por ello, simplemente lo haría por que así me lo dictaba mi corazón, aunque sonara cursi en exceso. Cerré los ojos e inmediatamente me sumergí en un sueño, aparentemente vacio sin sentido… solo escuchaba el mar, las gaviotas, y sentía el sol lamiendo mi cuerpo y la arena rozando mi desnuda piel desde abajo, acariciándola con suavidad. Me negué a abrir los ojos, hasta que una mano se poso sobre mi rostro; era Isaac el que estaba a mi lado, o mas bien sobre mí, mirándome con sus cautivadores ojos clavados en los míos; provocando que la sangre hirviera y subiera a mi rostro, cosa que le causaba gracia y no le incomodaba. Inclino su rostro contra el mí, trabando mi boca en la suya… en un beso tierno, espontaneo y que despertó una gama de sentimientos complicada de explicar con claridad, yo lo abrace por el cuello y continué el beso de una forma mucho mas ferviente que como lo hice con Sean, no sabia, a ciencia cierta, que me guiaba a hacerlo, pero no podía evitarlo. ¿Era él mi mejor opción? No lo sabía… aun.