miércoles, 21 de septiembre de 2011

Yvridio 4.1


 El hombre se acerco a nosotros, usaba lentes oscuros, pero su rostro era algo realmente difícil de olvidar, y menos si… él había sido quien me había hecho dudar de mi misma, y descubrir la naturaleza de Lucían. Pero ahora, Josep estaba conmigo y yo no permitiría que le hiciera nada, aunque muriera en el intento, no lo permitiría.
-Josep… sube al auto- le ordene a mi hermano, sin dejar de mirar a Bael.
-No, no lo hare- sentencio, haciéndome a un lado.
-¡Con un demonio, Josep… lárgate!- grite, algo exasperada.
 Mi hermano pudo notar lo que pasaba, tampoco le gustaba lo que pasaba. Negué con la cabeza, yo había sentido esto antes… pero era igual a como lo recordaba, así de vulnerable me sentía al lado de Lucían… y de Bael. Pero… la imagen de Astarot llego a mi mente como un rayo iluminando el cielo; la sensación volvió a mi cuerpo, lo que había sentido al estar frente a Astarot no había sido solo vulnerabilidad, había sido miedo… un miedo tan arraigado como el que se le puede tener al verdadero demonio. Trague saliva. ¡Maldita sea!, ¿Qué iba a pasar con Mio?...
-Deja de pensar tonterías, Corina… cariño- susurro Bael, apareciendo a mi lado, acariciando mi mejilla. Una sensación de ardor emano de ese lugar, y aparte su mano de mi rostro de un golpe.
-No vuelvas a tocarme- exigí, con cierta debilidad.
-Que hayas sobrevivido al deseo de Astarot… no quiere decir que sobrevivas al mío…- me informo, con arrogancia.
-¿Qué carajo es Astarot?- pregunte-, ¿otro peón como tú?
 Su lacónica sonrisa me hizo estremecer de nuevo, Josep al menos había obedecido y ya estaba en el auto… con el motor encendido, al menos así él podría irse cuando esto estallara.
-No te equivoques, preciosa- sonrío Bael…- Lucifago es su peón…
 ¿Qué?, ¿Cómo? Me pregunte, mirándolo atónita. Lucifago Rocafale era un espíritu principal… lo conocían como el primer ministro infernal, ¿Cómo carajo podía ser el peón de Astarot? Me erguí completamente, mirándolo directamente a los ojos.
-Explícate- le pedí, un tanto más calmada-. ¿Quién demonios es Astarot y que quiere con Mio?
-El Gran Duque, Astarot… es un no de los tres espíritus superiores, el de más… bajo nivel, si se le puede considerar de esa forma- susurro, sin borrar aquella sonrisa de su rostro-, y Mio… bueno, Mio… no es precisamente la niña que conoces, mi querida Corina…
 Su mano me alzo por el cuello, impidiéndome respirar. Josep miraba todo, asustado… pude sentir su mirada, tanto como sentía la forma en que la mano de Bael quemaba la piel de mi cuello.
-…Vete…- murmure, tan alto como pude.
 Mi hermano negó con la cabeza, pero le hice un gesto para que me obedeciera. Si iba a morir, él no iba a verlo, arranco el vehículo y se marcho por donde habíamos llegado; el aire seguía sin poder entrar a mis pulmones, pero no me iba a volver a pasar esto… yo no iba a morir, no ahí y no en las asquerosas manos de Bael. Cerré los ojos con fuerza, me negaba a morir… su puño se alojo en mis intestinos, y la fuerza me hizo chocar contra uno de los árboles del parque; caí al suelo, tosiendo y escupiendo sangre. Alce la mirada, ignorando el sabor metálico de mi boca, me limpie un poco la sangre que bajaba por mi barbilla y me levante, mi mano… las marcas habían regresado, ¿Por qué?
-Lárgate de aquí, Bael- murmuro alguien, que estaba parado a mi lado, y que no había notado.
-Vaya, vaya, vaya…- siseo Bael-, que sorpresa… tan desagradable.
-Regresa a la ratonera de la que saliste- inquirió el chico, del que aun desconocía su rostro-, ya la intimidaste, ahora lárgate…
-No sigo tus órdenes, querido niño- respondió Bael, sin inmutarse.
-Vete al, infierno… idiota- gruño el chico, atravesando a Bael sin dificultad con el brazo… él tenía, las mismas marcas que yo…
 Escuche el grito ahogado de Bael, mientras desaparecía convertido un montón de bichos, de todos los tipos que había, el brazo del chico estaba completamente limpio, y al bajarlo… las marcas habían desaparecido.
-¿Por qué no me sorprende?- murmuro, volteando a verme.
 Su rostro fue más como un golpe directo en el rostro, que una sorpresa. Era Damien Covey, cuidando de mí… otra vez.
-¿Por qué siempre estás cuando algo malo pasa?- resollé, acercándome hasta él.
-¿Te molesta que te salve la vida tan frecuentemente?- sonrió con arrogancia, empujando mi frente con su dedo índice.
-Explícame… ¿Qué fue todo esto?- pregunte, cerrando los ojos, instintivamente a su acción.
-No tengo interés en hacerlo- respondió, dándome un teléfono celular-, llama al chico y vete de aquí, ¿quieres? 
 Lance el teléfono sobre el césped, y empecé a dar vueltas frente a él. Estaba confundida, preocupada, molesta… y no sabía cómo empezar a reclamarle lo que había pasado, ¿Por qué Bael le había temido?, o ¿solo había sido mi imaginación?... ¿por qué primero me había dicho que quería matarme y ahora estaba protegiéndome?, todo esto no tenía sentido alguno. ¿Por qué compartíamos estas malditas marcas?, ¿Qué significaban?.... ¿Por qué carajo era un Covey y porque nunca había escuchado su nombre?
-¿Quién eres?, ¿Qué eres?- pregunte, parándome frente a él, mirándolo fijamente-. Tengo derecho a saberlo.
-¿Por qué?- resolló, alejándome de él-. ¿Por qué eres una Covey?, eso no te da ni siquiera el derecho suficiente para respirar. No me enorgullece ser un Covey, y a ti tampoco debería.
-Explícamelo entonces- le exigí, volviendo a acercarme.
-Déjate de estupideces, llámalo y vete de aquí- me exigió, tratando de no gritar.
-No, no lo hare…- respondí-, oblígame… porque puedes hacerlo, ¿no?
 Damien me miro, casi con ira, y relajo todo el cuerpo… como si reprimiera con todo su ser, golpearme o hacerme cualquier daño.
-¿Por qué no lo haces?- pregunte, confundida-. Si tanto es tu deseo de matarme, ¡hazlo!
 Él me miro, completamente ‘’desarmado’’, yo estaba frente a él… completamente indefensa, si había podido destruir a alguien como Bael sin siquiera sudar… matarme no implicaría un gran gasto de energía, sería como aplastar un mosquito…
-Corina… deja de decir tantas barbaridades- me dijo, acariciando mi mejilla-, si tanto deseas que te diga mis motivos, lo hare… pero no ahora, no lo comprenderías.
  Volvió a desaparecer, sin decir nada… dejándome sola, confundida… y herida, aunque todavía no había notado eso, tome el teléfono y marque el número de Josep, pero la luz de los faros de mi auto capto mi atención, por lo que colgué. Josep bajo rápidamente y me ayudo a entrar al auto, a la parte trasera y volvió a su lugar.
-¿Quieres que te lleve a un hospital?- me pregunto, preocupado.
-No, gracias… estoy bien así- mentí…
 Mi hermano condujo sin rumbo, sabiendo que no podíamos llegar a casa aun… tan solo había pasado una hora, y tampoco podíamos ir con Mio y su novio. No podía comprender lo que estaba pasando, ¿Por qué Damien?, ¿Por qué su actitud?... ¿Por qué su empeño en cuidarme?, no tenía sentido… aunque, bueno, mi vida había perdido todo sentido y coherencia desde que conocí a Lucían…. Pero, esto era todavía más incoherente que el resto de mis últimas experiencias paranormales… Tenía que saber algunas cosas, cosas que solo mi madre podía responderme, era necesario que las supiera… algo dentro de mí, palpitaba lentamente, anunciándome la llegada de algo, que desconocía… pero que se avecinaba con el paso del tiempo; James lo sabía, mi padre lo sabía… y ahora, creo que incluso Josep lo sabe… ¿Por qué yo no?
-Josep…- murmure, sentándome lo mas derecha que pude en el asiento-, ¿sabes donde se hospedan nuestros padres?
-Sí, iba para haya cuando me llamaste- contesto, mirándome a través del retrovisor, con una mueca de preocupación.
-¿Puedes llevarme?- pregunte-, y no… tampoco sé porque quiero ir…
 Josep era predecible, incluso para mí… aunque tal vez se debía a que éramos hermanos y con el tiempo había memorizado casi todos sus semblantes. Me hizo caso, seguramente pensando que eso sería lo mejor para mí, estar al lado de mis padres ahora, seria revitalizante luego de semejante pelea. Aunque yo no había hecho nada.
 El lugar no era lejano, era una vieja casona que mi padre había comprado para que pasaran su luna miel, la misma casa que James y yo despreciamos cuando vinimos aquí, queríamos ser independientes y viviendo en aquella casa… jamás lo seriamos, o no completamente. Abrí la puerta y baje, doliéndome un poco del lado izquierdo, Josep se acerco a ayudarme, pero me negué…
-Mejor… ve a avisarles, ¿sí?- le dije, recargándome en el auto.
 Josep asintió, y camino con rapidez hacia la puerta, mientras yo me recargaba en el costado del vehículo. Mire hacia adentro, en el lugar donde había estado sentada, el respaldo estaba cubierto de sangre; chasquee la lengua y azote la puerta… Carajo, me dije a mi misma, molesta.
 Mi madre salió de la casa apresurada, aleje mi mano del costado, solo para corroborar que la tenia llena de sangre también, y me limpie en el pantalón, aprovechando que era negro; luego me recargue contra el auto… ocultando el gemido de dolor al sentir la carrocería chocar contra mis costillas –rotas seguramente-, me erguí mirando a mi madre.
-¡Cariño!- chillo ella, abrazándome por los hombros. Como agradecía no haber heredado la estatura de ninguna de las dos familias.
-Hola mamá…- resollé, algo seria.
-¿Estás bien?...- pregunto, tomando mi mejilla, sin dejar de sonreír-, Josep me dijo que…
-Estoy bien- la interrumpí, irritada por el dolor-, quiero preguntarte algo…
 En ese momento mi padre se acerco, junto con Josep. Sonreí… Josep era por varios centímetros más alto que él, al igual que James; Demonios… ¿soy la única pequeña? Me pregunte, recordando cuantas veces había afirmado que era adoptada. Volví la vista a los azulados ojos de mi madre, y suspire. Ella estaba confundida, y yo me negaba a moverme de ese lugar… no iba a preocuparla más de lo que ya estaba.
-¿Qué ocurre, cariño?- me pregunto, bajando su mano de mi mejilla.
-¿Qué eres, madre?- inquirí… deteniendo en seco los pasos de mi padre-, y… ¿Qué soy yo?
 Josep también esbozo una mueca de intriga, aunque se debía principalmente a la bomba que yo había detonado con esa pregunta.
-Esto no lo hablare aquí, Cora- respondió ella, pausadamente.
-¡Mierda!- grite, golpeando mi propio auto-, no estoy para estupideces… contéstame y punto…
-¡Corina, respeta a tu madre!- me reprocho mi padre, colocándose al lado de mi madre, casi inmediatamente.
-¿Por qué Cora y Corina?...- inquirí, estaba acostumbrada a la variación, pero no lograba entender el trasfondo de eso-. ¿Quién fue Devora?, ¿Quién carajo es Damien Covey?
 Mi madre se quedo completamente perpleja ante el nombre que había dicho, su expresión era de un miedo totalmente profundo e inexplicable, mi padre solo la abrazo… ocultando el rostro de ella en su pecho. Así que Damien Covey si era de mi familia, vaya… eso también había logrado desarmarme a mí; pero no iba a ceder ahora, no más… tenía que saberlo.
-Tú… tú no eres mi padre, ¿cierto?- susurre, mirando directamente el rostro de mi, hasta ahora, padre.
-¿De qué hablas?- gruño, mientras Josep negaba con la cabeza.
 Me reí, un tanto irónicamente. Todo lo que se había estado fraguando en mi cabeza se estaba materializando frente a mis ojos. Ahora entendía que no me había atrevido a descubrirlo por miedo a lo que me contestarían, pero ahora… las respuestas estaban llegando solas, sin necesidad de una sola palabra emitida por ellos, simplemente sus expresiones me lo decían todo. Cerré los ojos, mordiéndome el labio… el dolor se estaba intensificando, en una forma desmesurada, mi vista se estaba borrando y apenas lograba escuchar los desesperados sollozos de mi madre. Estaba por desmayarme, de nuevo. Alce la cabeza y luego sentí a alguien detrás de mí, no era Josep… él estaba atrás de mi padres, ¿no?
 No pude seguir de pie, me desplome de rodillas doliéndome del costado. Mi padre vio la sangre del asiento trasero, la que había sobre el auto… y la que seguía cayendo sobre el cesped del jardín... 

viernes, 16 de septiembre de 2011

Yvridio 3.2



Josep reconoció de inmediato la demanda de James, y me sonrió un poco obligándome a bajar los brazos, este sermón no iba a ser para él, de hecho ni siquiera estaba segura de que fuera para mí. Sería un tanto estúpido que me regañara por haberlo defendido, aunque… también existía la posibilidad de que su molestia se debiera a mi repentina necesidad de huir del hospital. Pero, ¿realmente había logrado huir?, ¿Qué iba a usar a mi favor?... No recordaba absolutamente nada sobre lo que sucedió luego de que me desmaye; recordaba a Damien, mi brazo, su afirmación, como me arranque la placa metálica del pecho, pero… luego solo vi la puerta abrirse y me desmaye. No podía defenderme ante el inminente ataque de James.
-¿Puedes decirme que carajo paso en el hospital?- inquirió, en cuanto la puerta de la casa se cerró detrás de Josep.
-¿Y cómo voy a saberlo?- resollé, intentando zafarme.
-Victoria te trajo, junto con Mio- me informo, con recelo-, dijeron que estabas sangrando, llorando y rogando que te sacaran de ahí.
 Me quede completamente muda ante sus palabras, ¿eso era lo que había pasado?, ¿Por qué no podía recordar nada?... y de lo que recordaba, ¿Cómo iba a explicárselo a James?, ¿sería capaz de entender por completo lo que pasaba conmigo?... ¡qué estupidez!, ni siquiera yo podía entenderlo en su totalidad. Suspire, desplomándome en una de las sillas que había en la barda de la cocina, James se paro del otro lado y me observo fijamente, mientras yo, inconscientemente, acariciaba mi brazo; estaba temblando… o esa era mi sensación, mi hermano no había cambiado su postura… y yo sabía que su enojo y preocupación iban empatados dentro de él, luchando por la supremacía de alguno de los dos… lo que yo pudiera decir, realmente seria decisivo para esa pelea interna.
-James…- murmure alzando la vista-, júrame que vas a entender esto, y que no me juzgaras.
-Jamás lo haría, Corina- susurro, tomándome de la mano.
 Evidentemente la preocupación había suprimido en su totalidad al enojo, pero eso no me hacía sentir mejor, ni un poco; apreté por un segundo la mano de mi hermano y suspire, tratando de ordenar mis propias ideas. Algo andaba mal conmigo, lo presentía… o lo presentí desde que Damien apareció en la habitación del hospital.
-Lucían, apareció en mi habitación…- le dije con algo de temor.
-¡¿Qué te hizo ese bastardo!?- farfullo mi hermano, seguramente maldiciendo mentalmente.
-No, James… él no me hizo nada- respondí, acariciando su hombro-, fue a ver cómo me encontraba, y luego se fue… pero me aseguro que mataría a Damien.
-Sabes que puede hacerlo, Corina- murmuro, algo inconforme con su propia respuesta.
-Eso ya lo sé- inquirí-, pero… no es eso lo que me preocupa, James.
-No entiendo- acepto, algo confuso.
-Damien…- inicie, controlando los espasmo de mi cuerpo-, él también fue a verme al hospital, él… supo que mi brazo había sanado, aunque ni siquiera yo sé cómo demonios pudo sanar tan repentinamente.
-Sí, eso es cierto…- murmuro-, pero ¿Por qué no te preocupa que Lucían mate a Damien?
-Porque Damien me dijo que…- tome una bocanada de aire-, él me afirmo que yo estaba en el hospital porque él así lo quería, porque me estaba probando.
-Sin duda eres un imán para los problemas, Cora- rio mi hermano, casi con un tono de burla.
-Te lo estoy diciendo en serio, James- me queje, algo herida.
-Igual yo, mira Corina… debes saber algunas cosas…- me dijo con parsimonia.
-¿Qué cosas?- pregunte, confundida.
-¿Sabes porque mi padre estaba tan molesto?- mascullo, con una sonrisa burlona.
-¿Y cómo carajo piensas que yo voy a saber eso?- resollé, casi con ira.
 Mi hermano río armoniosamente al verme tan contrariada, sin duda él sabía algo que yo desconocía, y claro… no iba a decírmelo por las buenas, tendría que ser yo la que me pusiera a averiguarlo; bufe y lo golpee en un hombro con toda la fuerza que pude, él me sonrío, sobándose un poco.
-Buen golpe, vas mejorando- susurro, sin poder dejar de reír.
-James, ¿sabes una cosa?- le dije, levantándome de la silla.
-¿Qué cosa, linda?- pregunto.
-A veces no sé porque Victoria te ama de una manera tan irracional- respondí, alejándome rumbo a las escaleras-, cuando te lo propones… ¡Puedes ser un idiota!- le grite, mientras subía las escaleras.
 Escuche sin mucha dificultad la risotada de mi hermano. Camine por el pasillo del segundo piso hacia mi habitación, necesitaba distraerme, pero encerrada en esa casa jamás lo lograría; entre a mi habitación y corrí las cortinas para salir de la penumbra. París era hermoso, todo lo que se extendía en los alrededores era precioso, todo… hasta llegar a la Torre Eiffel, y después de ella; siempre extrañaría mi natal Florencia, amaba mi país… pero nunca me había gustado vivir estancada en un mismo lugar, Florencia  era hermosa también, tenía un gran mercado de trabajo… escuelas tan buenas como en la que estudiaba ahora, la Universidad de París: Pierre et Marie Curie, una de las 13 más conocidas de todo Paris, y también una de las mejores a nivel mundial, sin embargo… el amor fraterno y el amor filial eran los dos motivos que me habían traído hasta este lugar. Quizá su lo mío con Lucían hubiera funcionado yo estaría viviendo en Praga, o en Venecia y no aquí con mis hermanos, no habría vuelto a ver a mi familia… y realmente no se en que me hubiera convertido; quizá era mejor seguir siendo lo que era, si es que… yo podía llamarme una humana en su totalidad, era algo que nunca había creído por completo. Suspire, ¿Qué era yo?...
 En el mundo, al menos desde mi punto de vista, todo venia en pares, y era común escuchar a los clérigos hablar sobre la gran crisis de la lucha entre el bien y el mal; que el mal vive tentando a los seres humanos al pecado para poder obtener sus almas, y el bien... siempre trataba de salvarlos. ¿Qué tan cierto era eso?, ¿Por qué yo siempre me sentía tan cómoda al lado de aquellos seres misteriosos con los que había tenido contacto desde que era niña?... Era demasiado confuso. Yo le llevaba un año a James, pero sabía que él podía ver y experimentar lo mismo que yo, y ambos queríamos al esposo de mamá, pero ninguno lo podía recordar como nuestro padre. Ella nos había dicho siempre que lo era, pero… los pocos recuerdos que James y yo teníamos de nuestra infancia, el rostro de nuestro padre era completamente diferente; era una de las cosas que yo no podía explicarme, era algo que aun me provocaba algo de inseguridad; aunque no tanta como la que me había provocado conocer a Lucían, también cuando recién llegamos a Francia, durante una visita que hice al museo Louvre, con el fin de conocer las pinturas del famoso Leonardo Da Vinci… ahí lo vi por primera vez… Estaba mirando la pintura de La Gioconda cuando yo me pare a su lado y pude sentir algo extraño, pero al ver su rostro… la atracción había sido inmediata; no estaba segura si la idiota había sido yo, o el destino era lo que había cruzado nuestros caminos, no lo sabía, solo estaba segura de que… si por mi hubiera sido, yo no había seguido a su lado por mucho tiempo, por lo menos, habría preferido que él me dijera lo que era… y no tener que descubrirlo por medio de las palabras de Bael, su amigo… confidente y compañero… en otro momento de mi vida habría pensado que estaba más que loca y paranoica, pero Bael me mostro con hechos lo que era Lucían… que aunque solo pertenecía a las legiones, lo bajo de lo bajo en el infierno… quizá pudo haber subido hasta el lugar que ocupaba él… junto con Agares y Marbas; Lucía había sido el consentido de Lucifago… hasta que me conoció a mí. Si yo no hubiera llegado hasta él, quizá ahora sería algo más poderoso de lo que ya era, mi presencia lo había cambiado… aunque aun tenia la fuerza para matar a Damien si se lo proponía… cosa que yo no iba a permitir, no sabía cómo, ni porque… simplemente estaba dispuesta a todo para conseguirlo.
 Tome mi teléfono celular y le marque a Mio, luego de corroborar la hora: 4:30 pm, era una buena hora para salir… y distraerme. Espere un segundo a que me contestara, había mucho ruido de fondo, unidos a las risas de Mio.
-¿Hola?- susurro, controlando su risa.
-Mio, soy Corina- susurre.
-¡Hola, Corina!- grito ella emocionada-. ¿Cómo sigues?
-Aburrida y nefasta, quiero salir de aquí…- le dije, algo conforme con la fluidez de mis palabras.
-Bien, paso por ti en quince minutos- me dijo-, espérame en la puerta. 
 Le colgué el teléfono luego de eso, entre ella y yo no cabían las despedidas, era una relación extraña sin duda, pero la apreciaba mucho, y sabía que ella sentía lo mismo por mí. Suspire y me metí a la ducha, alguien había llegado… quizá Josep o alguien más, no me preocupaba; abrí la llave del agua y sonreí… al menos estaba caliente. El vapor abarco todo la habitación con rapidez, me gustaba más así, aunque pareciera un sauna, yo tenía un trauma con el agua caliente. Termine de desvestirme y me metí debajo del agua, era relajante un baño así luego de tantas tensiones, y Mio contribuiría mucho a mi ‘’recuperación’’, si es que lograba hablar con ella en serio… antes de que se embriagara y yo, un poco después que ella. Salí del baño enredada en un toalla y camine hacia mi habitación, realmente la elección de ropa no era un enorme problema para mí, simplemente me puse lo primero que encontré, tome mi celular… y baje las escaleras cepillándome el cabello. No había llegado Josep, pero si Victoria, y estaba en un momento bastante intimo con mi hermano, por lo que deje el cepillo en los escalones y corrí a la puerta.
-No me esperes despierta, y yo le aviso a Josep- grite, antes de cerrar la puerta detrás de mí.
 Aun no llegaba Mio, y podía llamar a Josep en un minuto. Busque su número en mi agenda y espere a que contestara.
-Hola, lindo- sonreí al escuchar su voz.
-Hola, ¿Qué pasa?- me pregunto, algo contrariado.
-Nada realmente, pero creo que James ocupara la casa y no es bueno molestarlo- reí-, si sabes a lo que me refiero, ¿verdad?
 Josep rió divertido al otro lado de la línea, y luego trato de sosegarse un poco.
-Bien, bien- me dijo-, ¿Dónde te veo?
-Mio viene por mí en 10 minutos…- informe-, te espero aquí en el jardín.
-Excelente- susurro y luego colgó.
Iba a darle la oportunidad a James, de estar a solas con Victoria, ya me hacía falta una cuñada y a él sentar cabeza, mientras tanto… me iría con Josep a pasar un buen rato, juntos como hacía tiempo que no lo hacíamos. Camine y me senté sobre la acera que daba a la calle, alguno de los dos tenía que llegar, y como siempre… el tiempo parecía ir demasiado lento, solo para lograr sacarme de mis casillas. Chasquee la lengua, ¿Por qué tenía tantas preguntas?, ¿Por qué Damien era tan… ‘’importante’’ para mí?... era raro tener este presentimiento tan grande, nunca me había sentido así, nunca había querido defender tan férreamente a alguien que no conocía, y mucho menos… a alguien que me había asegurado… que quería matarme. Suspire. Esto era confuso, definitivamente necesitaba tiempo para distraerme, necesitaba dejar de pensar en todo esto, simplemente… requería alejarme del mundo. Un auto ronroneó mientras se acercaba por la calle, me levante inmediatamente, creyendo que me aplastaría si me quedaba en ese lugar, casualmente Josep venía caminando por el mismo, lado… y pude ver el rostro de Mio al verlo. El bellísimo Aston Marti se detuvo perfectamente frente a mí, Mio beso animadamente los labios del muchacho que la acompañaba; realmente a mi no me sorprendía en absoluto la actuación de Mio, ella siempre había sido así. Me reí un poco y me acerque al automóvil.
-Hola, picarona- me mofe un poco, mientras esperaba a que Josep llegara.
-Hola… niña loca- refunfuño, bajando del auto-. Él es Astarot, mi nuevo novio.
 Ese chico era realmente atractivo, tenía la piel exquisitamente blanca, al igual que los dientes… aunque su sonrisa era un tanto tétrica, aunque a Mio parecía ser lo que más le atraía de él. Me mordí el labio inferior, cosa que le pareció interesante… pues alzo una ceja y sonrió para sí mismo.
-Bueno, ¿nos vamos?- sonrío Mio, abrazando el brazo de aquel chico.
 Josep ya había llegado a mi lado, y no dejaba de mirar al acompañante de mi amiga.
-Creo que… esta vez no- sentencio Josep, haciendo un ademan protector.
 Yo me quede en completo silencio ante la sentencia de mi hermano menor, que parecía estar teniendo un dialogo mental con aquel tipo, pues su rostro se veía demacrado y el de aquel hombre… se veía cada vez más vigoroso; Mio bufo y se desplomo en el asiento, el chico se coloco unos lentes oscuros y arranco el motor. No estaba segura de lo que había ocurrido hay, solamente unas repentinas ganas de llorar. Abrace a Josep por la espalda y él se giro instintivamente para abrazarme, estaba preocupado, por algo que desconocía, pero parecía estarlo carcomiendo por dentro. Me guio hasta mi auto, y lo encendió con serenidad, me pidió que subiera, obedecí y luego él subió detrás de mí, tomando el lugar del conductor. Esto no me gustaba, para nada…
 Condujo sin un rumbo aparente, hasta que llego a un pequeño jardín, antes de llegar al museo Louvre. Se detuvo y bajo del auto, sin siquiera pedirme que bajara también yo, lo mire algo confusa por un minuto, y luego lo vi llegar… se veía tan arrogante como lo recordaba, ni siquiera se inmuto al ver el auto, simplemente sonrió animadamente al ver a Josep. Baje del auto inmediatamente, y me pare delante de mi hermano.
-¿Qué diablos haces tú aquí?- resollé, mirándolo fijamente.
-Te extrañaba- rio sonoramente.
-Sí, claro…- respondí-, como si fuera tan imbécil para creerte… ahora que quieres conmigo, ¿Bael?

domingo, 14 de agosto de 2011

Capitulo Final. 6.- Ángel.

  Mi cuerpo no llego a tocar el suelo, pero ya no había mas dolor, y la oscuridad parecía estarse disipando lentamente; yo no me movía, pero tenia la ligera sensación de que si lo hacia, como si algo o alguien más me cargara. Pude reconocer olores, e incluso degustar algunos sabores; por lo que supuse que mi boca estaba entreabierta.
       -¿Cómo esta?- pregunto la alarmada voz de mi madre.
       -Esta muy bien, creo que mejor de lo que pensé- susurro Christina muy cerca de mí.
  Había una cálida mano que no se apartaba de mi rostro, y otra que se aferraba a mi mano. Sentía muchas presencias a mí alrededor, ninguna era malvada, no como las que había sentido en aquel lugar oscuro.
       -¿Dónde estaba, Ian?- inquirió la débil voz de Lía.
       -Mirey la encontró, simplemente apareció… flotando en el aire- susurro Ian con cautela-. Sostenía por… algo que bien pudieron ser alas.
  ¿Alas?, ¿era una broma?, ¿no estaba muerta?... ¡Que alegría!, tuve una gran necesidad de levantarme y abrazar a Ian, pero no podía moverme; no estaba segura de donde estaba cada una de mis extremidades. Quise buscar algún indicio de las fracturas que había tenido, alguna herida expuesta a lo largo de mi cuerpo, pero no había nada; ¿Qué había pasado? Tampoco podía recordar lo que había pasado, solo recordaba el dolor y los pasos.
       -Por lo menos esta bien, completa…- inquirió Sara, reconocí en su voz que había llorado, pero no comprendía por que ninguno parecía asustado con mi aspecto físico.
  Tenia que verme terrible, casi deshecha, llena de colmilladas, totalmente irreconocible. Pero todos se escuchaban, y sus auras denotaban una profunda y verdadera felicidad. ¿Cómo pudo haber pasado algo así?, era casi imposible que sobreviviera con tantas heridas y después de perder tanta sangre. Aun así estaba feliz de estar viva, y junto a las personas que yo más amaba.
       -Aunque no me caiga muy bien…- murmuro Mirey con cierto desprecio-; no soportaba la idea de que se fuera.
      -Algo debió pasar- tercio Aarón, dirigiéndose a alguien que no reconocí.
      -Ese estado de pureza, fortaleza y armonía solo lo eh visto una vez- reconoció una voz aterciopelada y serena-. Y fue en alguien que murió violentamente, pero aun no era su momento, y regreso
  ¿Regresar?, ¿entonces si había muerto?... ¿Por qué regresaría?, la única respuesta que encontraba era que había sido por el amor que le tenia a Ian, y porque aun no cumplía mi propósito en la vida. ¿A quien le importaba?, yo tan solo quería  despertar y abrazar a Ian, no tenia ni quería imaginar el calvario por el que había pasado durante mi ausencia; tan solo quería abrazarlo, sentirlo cerca… que volviéramos a ser una sola persona, como lo éramos al estar juntos. Lentamente me di cuenta de donde estaban mis extremidades, pero parecían mucho más livianas que la última vez, era como si apenas existieran.
  Todos se alejaron, salieron del cuarto, solo la presencia de Ian permaneció a mi lado. Lo amaba tanto, que estar con él alejaba cualquier recuerdo de lo que había pasado con Kristen y Michael. Me esforcé por abrir los ojos, pero solo logre apretar su mano; él dio un respingo y me devolvió el apretón.
       -¿Amor?- susurro con dulzura, recorriendo mi rostro suavemente.
       -Ian…- murmure, sin abrir mucho los labios, lo sentía un poco entumidos… al igual que todo el cuerpo-. Amor…
  Pude abrir los ojos y girar la cabeza hacia donde sentía la calidez de su mano; me tope con su torturada mirada aguamarina, el color de sus ojos parecía haberse intensificado dos o tres tonos por la preocupación, pero seguían siendo igualmente bellos, y yo me seguía sintiendo atrapada en ellos. Me ayudo a sentarme en el improvisado catre, manteniendo uno de sus brazos fijos a mi espalda para evitar que me cayera.
       -¿Dónde estoy?, ¿Qué paso?- le pregunte, mirándolo a los ojos.
       -Te atacaron, suponemos que fue Michael… pero no estamos seguros- me respondió rápidamente-. ¿Cómo te sientes, cariño?
       -No, no fue Michael… ayudo, pero no fue él- gemí, recordándolo todo, mi mente fue asaltada por una innumerable cantidad de imágenes, cada una mas aterradora que la anterior, y negué con la cabeza… dejando fluir algunas lagrimas-. Kristen…
       -¿Kristen?- inquirió él, confundido-. Ella esta…
       -¡No!, no lo esta- lo interrumpí, sin poder mirarlo-. Esta viva, pero no es humana… su padre, ella es… una quimera…
  No podía parar mi llanto, todo era tan difícil, me sentía tan impotente; recordé mi muerte en ese instante, junto con la llegada de Ian, su beso a mis labios fríos y carentes de vida; Mirey no me había encontrado, eso le habían dicho a mi madre porque ella no entendería que Ian dio parte de su vida para salvarme. No, no, no…repetí en mi cabeza, yo tenia que morir para que los dejaran en paz, ahora ellos volverían… me matarían de nuevo…
       -No quiero morir- repetí en voz alta, aferrándome al cuerpo de Ian.
       -Ya no pueden hacerte daño- me dijo, con una seguridad impresionante mientras acariciaba mi cabello-. No pueden, ni siquiera tocarte, amor.
  ¿De que hablaba?, cualquiera podía tocarme… él lo estaba haciendo, ¿tenia algo que ver con lo que había dicho Raven?, ¿con que yo me había vuelto totalmente pura? Era una tontería, yo solo había muerto momentáneamente, ¿no? Ian no había sacrificado parte de su vida para que yo volviera, él… él no podía, él tenia que vivir conmigo, a mi lado… por siempre. Me lo había prometido. Estreche mi abrazo, sintiendo como una a una mis lágrimas humedecían su playera; no sabia que tan mal podía encontrarse luego de su encuentro con Michael, pero en ese momento solo pensaba en cuanto tiempo estaríamos juntos. Lo mire a los ojos, y luego desvié la mirada hasta sus labios, del lado derecho tenia un cardenal purpureo, que ensombrecía su dulce sonrisa.
       -Te han hecho daño- dije, tratando de no sobresaltarme.
        -No es nada- sonrió, como si le restara importancia, debido a lo que me habían hecho a mí.
       -Déjame, permíteme curarte- le pedí sin dejar de mirar sus ojos.
  Bese el lugar dañado suavemente, tratando de no lastimarlo; hubo una especie de conexión, sentí sus pensamientos con claridad, así como sus sentimientos. Luego hubo un pequeño intercambio, su labio se alivio inmediatamente, pero el mío adquirió el daño; sin embargo, mi cuerpo lentamente lo sano y en un para de segundos ambos estábamos completamente curados.
       -Natalia…- susurro Ian mirándome a los ojos-. Pensé que te perdería…
       -Yo creí que jamás volvería a verte- admití, ignorando el nudo en mi garganta.
  Sus labios se aproximaron a los míos con cautela, mientras sus manos se movían despacio en torno a mi cuerpo, me trataba con mucho más cuidado que antes, aunque yo me sentía mucho más fuerte que nunca; mi boca se trabo con la suya en un pequeño beso. Un beso que lo fue todo; todo cambio, había sido como una unión sagrada, una comunión extracorpórea de nuestros cuerpos, nuestros pensamientos y nuestras almas. Finalmente lo habíamos logrado, éramos una sola persona, en dos cuerpos distintos; era la unión perfecta, algo que nunca nadie habría podido lograr. Sonreí abrazándolo por el cuello, permitiendo que su luz me embriagara, así él se embriagaba con la mía; ¿Cómo podíamos amarnos tanto?, no lo sabia, no quería saberlo tampoco… Todo era tan perfecto, un momento increíble, que solo nos pertenecía a nosotros dos; y ahora ya nada, ni nadie podía dañarnos mientras nos perteneciéramos mutuamente, y al alejarse uno, moriría el otro… y no importaba.
  Ambos salimos del pequeño cuarto, no tenía idea de donde estábamos, pero no parecía un avión, era más bien una casa. ¿Cómo llegamos ahí?, ¿Cuándo sucedió?, ¿dormí tanto tiempo? Me tambalee, o al menos esa fue la sensación, ya que di un respingo al ver que mis pies apenas rozaban el suelo… era como si la ley de la gravedad no me afectara en lo más mínimo. Pero aunque flotaba unos milímetros sobre el suelo, no era más alta que Ian, y é seguía pegado a mi menudo cuerpo, con ademan protector.
       -¿Raven podrá explicármelo todo?- le pregunte a Ian, antes de que abriera la puerta de doble hoja que había frente a nosotros.
       -Lo hará, cielo- me respondió acariciando mi mejilla-. Él sabe más cosas que ninguno de nosotros, y sabe, más o menos lo que te pasa.
  Asentí con la cabeza y él beso mi mejilla. La puerta nos brindo el acceso al imponente salón. Del techo colgaban un par de enormes lámparas ornamentadas por miles de cristales que reflejaban un arcoíris entre sí; los enormes ventanales estaban enmarcados por unas pesadas cortinas de lino blanco… que ondeaban a la par del viento; un par de paredes estaban tapizadas con libreros… tan altos como el techo mismo, todos abarrotados de libros viejos y nuevos, en varios idiomas; el otro par estaba empapelado con una ornamenta renacentista, flores y guirnaldas de hojas extremadamente detalladas. No solo Ian me había parecido hermoso cuando abrí los ojos, ahora todo parecía mucho más claro, más nítido… todo era tan puro y armónico que me hizo sentir en casa.
  Hasta ese momento, la única persona que había visto era Ian, pero ahora… en los sillones que estaban dispuestos alrededor de una mesa para té, estaban sentados algunos miembros de la Alianza. Sara se veía mucho más esbelta de lo que recordaba, sus cabellos caían en cascada por su espalda, sus ojos refulgían con poder y tenacidad, su exterior poderoso y a la vez indefenso iba bien apareado con Aarón; él se veía atento, su mirada color ocre era más bella de lo que jamás note, su exterior musculoso era solo una careta para su interior sensible; Christina se veía tan delicada y al mismo tiempo tan capaz, sus ojos verdes miraban a Matt con una ternura envidiable; Matt parecía un mártir, pero la forma en que miraba a mi mejor amiga era tan dulce, como si no hubiera alguien más en su vida, como si Christina fuera el principio y el final de su vida; Isaac lucia tan elegante, como una pantera vigilante, esperando cualquier estimulo para saltar, su mirada felina estaba fija en mí y eso me hizo ruborizarme; Mirey… era toda una beldad, morena, cuerpo soberbio… envidiable sin duda; Gabriel parecía un tanto débil, pero yo sabia que no lo era, solo esperaba el momento perfecto para hablar o atacar, era como un refuerzo en una manada de lobos, el que llegaba de atrás para dar el golpe final. Mi mirada se paseo hasta cruzarla con la de Raven, ya lo había visto antes, pero no con tanto detenimiento; no parecía humano, estaba segura de que no lo era, él era algo más. No solo su exterior me hacia pensarlo. El cabello negro azulado, muy por debajo de los  hombros, extremadamente lacio: la piel nívea, sin ninguna mancha o imperfección; tenia los ojos de un color extraño, similar al violeta, pero denotaban una sabiduría increíble. Me sentí pequeña al verlo, torso con una musculatura atractiva, los brazos marcados, y vestía con mucha propiedad, aunque pareciera sacado de una película basada en el siglo XVIII.
  Sonreí cuando Ian se sentó y me acomodo en su regazo, todo era una experiencia nueva para mí, nunca había pasado por algo así; me sentía como una niña pequeña rodeada de juguetes nuevos, nuevas sensaciones y nuevas experiencias. Me sentía muy feliz, además de muy interesada en todo lo que me rodeaba; pero luego algo capto mi atención, el ambiente ahí dentro no era muy acogedor, todo parecían tensos y muy preocupados, aunque yo no entendía el porque; sus rostros lucían demacrados, como si se hubieran consumido con el tiempo. ¿Cómo podía saberlo?, no sabia que había sucedido desde que me desmaye en aquel lugar oscuro, no podía recordar más, ni siquiera cuando ellos llegaron a salvarme, no sabia nada de lo ocurrido.
     -¿Ian?- susurre en su oído-. ¿Qué esta pasando?
      -Solo están un poco confundidos- respondió él, acariciando mi rostro-. No te preocupes.
     -Es que… pareciera que todos están enojados conmigo- admití sin atreverme a volver a mirarlos-. ¿Doy miedo?
     -Claro que no, tonta- sonrió mirándome-. Solo que no saben como es que regresaste, todos le temen un poco a lo que no conocen.
  Le di la razón con un ligero gesto, él tenia razón, solo era miedo a lo desconocido, incluso yo sentía un poco de miedo con respecto a mi misma; porque no entendía porque me había pasado algo así, ignoraba si era algo normal, solo sabia que estaba con Ian y era todo lo que me importaba. Y no podía culparlos a ellos, tan solo mostraban su desconfianza frente a lo que ignoraban y era una reacción totalmente normal en un humano común y corriente.
  Raven me miraba con escepticismo, mientras Christian y Sara se mantenían en silencio, todo era tan confuso, yo… me sentía algo incomoda estando frente a tantas miradas confundidas y expectantes; me arme de valor para encarar a Raven, no podía ser tan difícil o, ¿si? Él no podía ser tan malo como aparentaba serlo, si Ian me había asegurado que me ayudaría a saber lo que me había pasado, yo le creía y estaba ansiosa por saberlo. Él sonrió y se aproximó a donde yo estaba, tomó mi mano con delicadeza y cerró los ojos.
  Ambos nos sumergimos en un abismal océano oscuro, que pretendía engullirnos junto a sus corrientes, pero Raven no se inmuto, parecía poder respirar bajo el agua y yo seguía con miedo de intentarlo; sentía que el agua entraría a mis pulmones, los saturaría y el ardor de sentirme sofocada se apoderaría de mí. Lo cierto era que, tenía mucho miedo de la muerte; aunque no recordaba la sensación exacta.
       -Vamos, inténtalo- susurro él con una sonrisa-. No tengas miedo.
  Su mano se extendió frente a mí y yo la tomé, temerosa, no sentía miedo alguno al estar con él, parecía tan capaz como Ian de cuidarme y protegerme sin importar el enemigo; respire hondo, dándome cuenta de que, aunque estábamos debajo del agua,  lo que respiraba no era otra cosa mas que aire puro. Podía moverme como antes, sin el peso de las ataduras físicas, ósea sin estar bajo la influencia de la gravedad, me sentía libre  y completa, enteramente viva. Más viva que nunca.
       -¿Dónde estamos?- le pregunte mientras lo soltaba, para poder vagar por ahí libremente.
       -Es tu subconsciente…- respondió con serenidad.
       -¿Qué hacemos aquí?- inquirí, buscando cualquier cosa que llamara mi atención.
       -Descubro en que te haz convertido- contesto, cerrando los ojos, liberando algunas burbujas-. Cualquiera diría que eres un ángel, por tu armoniosa aura, pero lo cierto es que nos tienes completamente desconcertados.
       -No lo entiendo…- admití, mirándolo con seriedad.
       -Se supone que debiste morir…- afirmo sin moverse-, Ian te encontró deshecha totalmente, en medio de un charco de sangre; y tú, simplemente te levantaste.
  Eso no era normal, incluso teniendo en cuenta que Kristen se había convertido en una quimera, no era normal que alguien que había muerto se levantara como si nada hubiera pasado, su cuerpo se reconstituyera como el electrolito de una batería; lo que me había pasado se salía  totalmente de los parámetros normales. Mire el inexpresivo rostro de Raven, buscando alguna emoción o explicación, pero cada pensamiento mío retumbaba en aquel lugar, como un eco lejano; esto era demasiado para mí, aunque debí haberlo supuesto…  Raven admitió que nos encontrábamos en mi subconsciente, no en el suyo, por eso mis pensamientos sonaban en voz alta, en ese lugar mi cabeza no estaba a salvo de ningún curioso.
       -¿Lo que soy es bueno o malo?- volví a preguntar, era válido y tenia todo el derecho de saberlo, sin mentiras y sin rodeos.
      -Por lo que hemos visto hasta ahora, es algo bueno… quizá algo mucho mejor que solo bueno- contesto abriendo los ojos-. Solo Ian puede saberlo con exactitud.
     -¿Ian?- resollé con sorpresa-. ¿Por qué?
     -Tú lo curaste con un beso, solo él puede saber si eres mala o no…- susurro mirándome directamente a los ojos-. Tu beso, los ah unido… en un lazo que ya no podrá disolverse, aunque uno, otro o los dos mueran. Es una unión sagrada que no puede romperse.
  Asentí lentamente, entonces no había sido solo una sensación mía, ese beso significaba más que solo un simple beso, yo le había probado mi amor de una manera limpia y totalmente sencilla, y él me había respondido de la misma forma. El amor no era el sacrificio de ninguno, era el esfuerzo de uno por apoyar a otro a ser lo que es verdaderamente. Sonreí, ya no había nada que nos separara, ni siquiera el odio de Kristen…
  Kristen, repetí en mi mente; el agua del lugar comenzó a ennegrecerse y de ella unos enormes brazos comenzaron a emerger, tratando de capturar algo que no podían encontrar, yo solo miraba a Raven moverse, esquivando cada embate en su contra; no podía moverme, un sollozo salió de mis labios, al mismo tiempo que un par de lágrimas humedecían mis mejillas. Ella me había matado, ella había terminado con mi vida, ella me había convertido en esto, ella, ella, ella… yo tenia, mi deber era, yo había regresado… para matarla. Cubrí mi boca con ambas manos, yo no podía… aunque sabía que tenía que hacerlo, no me sentía capaz; no por la  falta de fuerza, ahora podía ver que no era lo que me faltaba, lo que me faltaba era valor… un valor que dudaba mucho volver a encontrar.
  Negué con la cabeza repetidamente, sin alejar las manos de mis labios y sin parar de llorar; los ataques incrementaban, las manos ya no estaban formadas solo de agua, ahora también había una desconocidas, que habían salido de la nada… eran transparentes y arremetían violentamente contra el cuerpo de Raven. No podía pedir que se detuvieran, no me obedecían, o lo estaba pidiendo mal; caí de rodillas, apoyando una mano contra el suelo de agua que había bajo mis pies. No, no… yo no puedo hacerlo, no puedo gemí mentalmente, mientras trataba de calmarme; mi respiración se volvía acompasada con cada segundo, pero un estridente grito taladro mis oídos. Raven había sido capturado por uno de aquellos malévolos entes y ahora todos los demás se dirigían a su dirección, él iba a morir, nada podía salvarlo… nadie más que yo, y yo no sabía como hacerlo. Me mordí el labio inferior, tomando enormes bocanadas de aire. Las manos comenzaron a desaparecer, como si hubieran estado hechas de algún tipo de cera, estaban derritiéndose, liberando a Raven de la presión que ejercían; no supe como llegue a su lado y sostuve su caída o como logre sostenerlo en el aire, pero lo hice.
       -¿Raven?- susurre intentando hacer que reaccionara-, ¿Raven?
  Repetí su nombre varias veces sin recibir respuesta, entonces empecé a ser consciente de una serie de sonidos, paredes cayendo a pedazos, crujidos de madera, gemidos de dolor, un cristal hecho añicos… Abrí los ojos de golpe, la imagen fue aterradora; el salón donde había estado con Ian, totalmente consciente, estaba destrozado. Los cristales de la ventana habían estallado, las cortinas estaban totalmente agujereadas de los impactos de los trozos de vidrio; las paredes parecía que algo había pasado por el centro de ellas, destruyéndolas, partiéndolas a la mitad; el suelo estaba lleno de agujeros como si una mano gigante lo hubiera golpeado repetidas veces; busque con la mirada algún signo de vida, y logre escuchar varios latidos frenéticos y luego como algunos escombros se movían para darle espacio a los que brotaban de ahí, llenos de rasguños o heridas muy leves. Raven estaba en el suelo, en la pared que estaba sobre él había un enorme surco, su cuerpo estaba perfectamente plasmado ahí, y luego una mano enorme, que parecía haberlo golpeado…
  Volví a llorar, esa había sido yo, nadie más, yo los había lastimado… no intencionalmente pero lo había hecho; sentí un repentino descenso de energía, todo se volvió borroso. Lo último que vi fue el suelo, y la expresión dolida de Ian…
  Abrí los ojos lentamente, percatándome de que la luz me quemaba un poco los ojos, Ian lo noto y cerró la cortina. ¿Cómo podía estar a mi lado después de lo que hice?, lo mire y trate de hablar, pero ninguna palabra salido de mi garganta; me enderece, ¿Por qué no podía hablar?, volví a intentarlo pero mi garganta seguía negándose a cooperar, Ian acaricio mi rostro al ver la desesperación en mis ojos.
       -Todo estará bien, Raven esta bien… solo tiene algunas fracturas- me dijo con ternura, sin apartar su mano de mi cara-. El resto esta excelente, ninguna herida de gravedad… y el salón tiene remedio; nadie esta molesto… todos están preocupados por ti, amor…
  Ian, amor… susurre, nada iba a estar bien. Sus ojos se llenaron de lágrimas, obstruyendo su campo de visión; él estaba desesperado al verme consciente, moviéndome pero siendo incapaz de hablar. Lo abrace, al menos no lo sabría… no sabría que mi único objetivo era matar a Kristen; no sabría que nada esta estaría bien hasta que ella muriera, no solo por lo peligros que pudiera ser Kristen, ahora también yo era una amenaza y mi amado Ian no tenia porque saberlo. Hundí mi rostro en la curvatura de su cuello, aspirando su olor; todo lo que me quedaba era aprovechar cada segundo a su lado, esperando pacientemente a que llegara mi momento para atacar…
  Oh, Ian… ¡Te amo! Grite mentalmente, besando su oído…
  Ahora era mi turno de protegerlos a todos, y lo haría, sin importar el precio; ahora estaba mas metida en este problema que nunca…
       -Te amo, Natalia…

5.- Latente.

  Christina se desasió del abrazo de Matt y se precipito a mí con paso firme, todo sucedió demasiado rápido, tanto que nadie pudo predecir el movimiento y por ello nadie trato de impedirlo. Christina me dio una bofetada con dureza, y luego me abrazo rompiendo en llanto, dejándonos a todos confundidos y sin palabras; la abrace sigilosamente, escuchando como sollozaba en mi oído izquierdo. Era mi mejor amiga y debía comprender su molestia, yo me había marchado sin pensar que lo que ninguno de ellos pudiera pensar, fui cobarde y me había ganado esa bofetada; el hormigueo de mi mejilla era solo un ligero escozor, comparado con el calvario que debí haberlos hecho pasar, lo peor era que no sabia como remediarlo. Al abrazo que nos dimos Christina y yo, se nos unió rápidamente Sara, gimoteando sin cesar, ahora me sentía más culpable, pues no solo había preocupado a Ian al irme, Chris y Sara también habían sufrido. Me sentía tan idiota, había pensado que al irme todo en sus vidas volvería a la normalidad, pero… ¿con que derecho lo pensaba? Mi vida jamás iba a volver a ser la misma de antes, ¿Por qué pensé que la suya si?, ellos eran tan parte de mi vida como yo de la suya, y al pretender desaparecer de esa forma lo único que había logrado era preocuparlos excesivamente y, ahora, también los había orillado a huir de dos condados, o quizá incluso hasta del país; por mi estúpida ignorancia habíamos llegado hasta ese punto. Ian no tenia la culpa de la locura de Kristen, así como nadie tenia la culpa de que Michael fuera el medio hermano de Kristen… un hermano que la protegería, igual o mas de lo que me protegía a mí cuando éramos buenos amigos. Me levante de las piernas de Ian para poder abrazarlas a ambas, les debía una disculpa tan grande, que no encontraba las palabras correctas para comenzar; las lágrimas acudieron a mis ojos con benevolencia y bajaron en tropel por mis mejillas, alojándose descaradamente en la blusa de Christina, que era varios centímetros más alta que yo…
  Era un momento mágico que pasaba bajo las atentas miradas de todos lo que nos rodeaban, probablemente todos estuvieran felices con el reencuentro, pero dudaba mucho que Mirey lo estuviera, ya que siempre anhelaba ser el centro de atención. Mirey carraspeo la garganta y nos miro con desprecio.
        -¿Podríamos dejar los gimoteos para después?- chillo mirando a Aarón fijamente-. Ya tendrán tiempo de cursilerías cuando hayamos llegado.
       -Mirey…- la reprendió Isaac, mientras nosotras nos secábamos las lágrimas y volvíamos a nuestros lugares; Mirey sonrió con suficiencia y miro a Isaac con serenidad.
       -Si, dime…- susurro con sensualidad.
       -Déjalas en paz, que tu no tengas amigas que se preocupen por ti… no es culpa de nadie, mas que tuya- argumento Isaac sin amedrentarse por la mirada asesina que le lanzaba Mirey.
  Todos sonrieron con cinismo al escuchar las palabras de Isaac, mientras Mirey los fulminaba a todos sosteniendo una mueca de disgusto que me erizo la piel; Ian abrazo mi cintura, ocultando su rostro en mi espalda para poder reír sin ser visto por Mirey.
       -Pueden irse al demonio entonces- gruño ella alejándose varios pasos de Isaac-. Hagan esto solos, ojala Ernesto los encuentre a todos… empezando por ti, niñita mimada… que necesita ser protegida por los demás ya que no sabe cuidarse sola- murmuro ella mirándome fijamente a los ojos-; haber que haces tu sola contra cualquiera que trabaje para la Hermandad, haber si te sigues guiando por tus estúpidos instintos infantiles.
  Mirey se fue maldiciendo por lo bajo, mientras todos la miraban desaparecer al pasar junto al ala del avión, luego todas las miradas se enfocaron en mí. Mi cuerpo temblaba e Ian intentaba tranquilizarme por las palabras que Mirey había escupido en mi cara para menospreciarme.
       -Amor, no te preocupes… ella miente- me dijo Ian al oído.
       -No, no lo hace…- respondí levantándome y apoyándome en la mesa donde había estado Mirey-. Ella, aunque me pese aceptarlo, tiene razón… yo no puedo hacer nada contra ellos, injustamente son ustedes los que se arriesgan para salvarme; aun después de que hui de Baltimore tan cobardemente…
     ‘’Díganme tan solo una cosa, ¿Qué voy a hacer si les pasa algo por mi culpa?, saben que jamás me lo voy a perdonar, y saben también lo injusto que es eso… yo- yo…- susurre mientras tragaba el nudo que se formaba en mi garganta-, tengo que aprender a defenderme, para poder ser de utilidad para ustedes, me necesitan tanto como yo a ustedes. Ignoran cuantos miembros tenga la Hermandad, tan solo intuyen que sin cientos, pero eso nos les consta… y ustedes no llegan ni a 30… no hay posibilidades…
       -¿Y tú crees que tu muerte ayudara?- agrego Aarón con parsimonia-. Si lo piensas de ese modo, estás muy equivocada, quizá al filo de la navaja salga lo mejor de cada persona… pero piensa en Ian un segundo… Él ya te creyó muerta una vez, muy a penas logro salir del estupor por la llamada de Kristen, ¿Qué hará si mueres realmente?, piénsalo a la inversa, ¿Qué harías tú?
  Enmudecí mirando a Ian fijamente, las lágrimas salieron nuevamente de mis ojos, empapando mis mejillas sin piedad; era la primera vez que escuchaba a Aarón hablando de esa forma, jamás hubiera pensado que él atesoraría tanto el amor y a las personas que amaban y eran amadas. Pero tenia razón, era elocuente en lo que decía, yo no lo había creído muerto nunca y el solo imaginarlo hacia que me ardiera la garganta, que anunciaba la llegada de más lágrimas; siempre había sido independiente y nunca me resigne a que alguien más cuidara de mí si yo me sentía capaz de cuidarme sola, pero esta vez tenia que ceder a las palabras de Aarón, porque tenia razón, sin importar cuanto me negara en aceptarlo. Suspire, tenia razón… la tenia, pero ¿Por qué no se podía en mi lugar?, ¿Qué haría él si Sara se fuera a pelear al frente y él se viera obligado a quedarse?, Sara daría lo mejor de si misma para mantenerlo a salvo, pero… ¿si fallaba?, ¿si perdía la vida en el proceso? Esas preguntas no tenían respuesta, había una vaga que rondaba mi cabeza, él no estaría a gusto y mucho menos tranquilo con ello; querría ayudarla de una u otra forma, daría su vida por ella… si importar lo que a él pudiera pasarle. Eso era amor, aunque sonara mucho a Romeo y Julieta; cuando dos personas se aman, una es completamente capaz de dar su vida por la otra, y viceversa. Ninguno de nosotros podía imaginarse el dolor de perder a la persona amada, y todos lo sabían.
       -Mentira- murmure encarado a Aarón-, ¿tú estarías tranquilo quedándote mientras Sara se va y pelea sola?
      -No- respondió secamente.
      -Se que tú, al igual que yo… preferirías mil veces sacrificarte por ella, que permitir que se marche sola a una muerte segura- insistí, tomando la mano de Ian-. Ian sabe cuanto lo amo, y también sabe que yo jamás permitiría que le pasara algo si puedo impedirlo, no importa lo que a mi pueda pasarme. Estar separados no es bueno para ninguno de los dos.
  Aarón sonrío mientras nos miraba a ambos, finalmente parecía comprender que no existía la manera de lograr que yo cambiara de opinión, iba a pelear, les ayudaría, aunque muriera en el proceso… prefería hacerlo al lado de Ian, que morir por haber sido raptada y me usaran para amenazarlo, como había pasado la ultima vez.
       -Iremos a Hesse, Alemania…- nos informo Gabriel tranquilamente-. La Hermandad no tiene mucha gente ahí y nosotros tenemos una gran casa haya, donde podremos ocultarnos mientras los espiamos.
      -Excelente, entonces… pongámonos en marcha- respondió Ian, levantándose-. No perdamos tiempo- murmuro antes de besarme tiernamente.
  Todos intercambiaron una mirada incriminatoria, luego se alejaron de ahí para esperar al piloto del avión. Ian se quedo a mi lado, mirándome a los ojos, como si el tiempo no le importara; nos quedamos solos, y yo pase mis brazos alrededor de su cuerpo, hundiendo mi rostro en su pecho, mientras sus manos se alojaban en mi cadera.
  De pronto sentí una punzada en el cuello, era dolorosa… no como el piquete de un mosquito, era mas bien como una aguja introduciéndose lentamente en mi cuello; solté a Ian para tocar mi cuello, intentando descubrir lo que me había herido, pero no había nada… solo un pequeño bulto que me ardía al tocarlo.  Baje mi mano y vi una mancha de sangre en mis dedos, Ian gimió y busco por todos lados a mi atacante. No había nadie ahí, tan solo el eco de las pláticas que se sostenían lejos de nosotros. Pero algo nos observaba, desde un punto que no alcanzábamos a ver con claridad; era como el asecho de Kristen, pero era mucho más fuerte e intimidante. El miedo se arraigo en mi cuerpo, llegando casi hasta mis huesos, ni siquiera la presencia de Ian me resultaba reconfortante; la sensación de que ambos íbamos a morir persistía en todos mis sentidos, y a través de su mano, sabia que él pensaba lo mismo. No parecía existir una salida, al menos no una donde ambos pudiéramos salvarnos… Los dos moriríamos, lo sabíamos, pero nos llevaríamos aquello que nos amenazaba para que no pudiera dañar a nadie más.
  Cuando deseaba poder comunicarme con Ian telepáticamente, para estar a salvo al menos en nuestros pensamientos, a salvo de cualquier cosa que pudiera trasgiversar nuestras palabras una vez que fueran mencionadas. Eso que nos asechaba estaba jugando con nosotros, como un gato acorralando a un ratón, viendo su sufrimiento al no saber lo que le depara el futuro… aumentando su ansia de matar al sentir el terror; aumentando su ego al saber que la vida del animal dependía de él y solo de él.
  Se trataba de una cacería, y el depredador no parecía muy interesado en terminar con esto rápido, era como una venganza, un ajuste de cuentas, por eso había esperando tan pacientemente a que todos nos dejaran solos, sabia que pasaría. Trague saliva mientras sentía de nuevo un leve ardor en mi cuello, debido a la gota de sudor que bajo por ahí; ¿Qué podía ser tan malo?, ¿Por qué no parecía ser humano? Quise gritar, pero todo sonido agonizaba en mi pecho y moría en mi garganta, nadie iba a ser capaz de escucharlo y llegar a nosotros antes de que aquello nos asesinara. ¿Qué íbamos a hacer? Mire a Ian de reojo, estaba tenso, su mandíbula estaba tan apretada que podían distinguirse los huesos con claridad; estaba pálido, su piel era casi translucida y sus ojos tenían una mirada retadora, como si esperaran a que aquello que nos asechaba diera la cara. ¿Quién o que rayos era lo que esperaba cualquier movimiento en falso para atacar?
  Nada tenia sentido, ni siquiera el miedo que sentía, parecía una pesadilla… quería despertar pero no podía, así como tampoco lograba moverme. De pronto hubo silencio, solo se escuchaban nuestras respiraciones entrecortadas, y yo podía escuchar mi corazón palpitando frenéticamente contra mi pecho, deseando salir de ahí como fuera. El mismo deseo de mis piernas y el resto de mi cuerpo; algo se acercaba a nosotros con rapidez, y furtivamente; el viento anuncio un rápido movimiento, de algo que no parecía humano. La mano de Ian se tenso alrededor de la mía. ¿Qué estaba pasando?
  No pude verlo, Ian me coloco detrás de él con un movimiento ávido, interponiéndose entre aquello que se acercaba y yo; algo agito mi cabello y logro que mi sangre disminuyera su temperatura hasta hacerme tiritar, no era un frio normal… era algo diferente. Volví mis ojos a la espalda de Ian, habría creído que era una estatua de marfil de no ser por el leve movimiento de su espalda, causado por una sutil respiración. Tan rápido como me percate de que el ataque era inminente, algo arrojo a Ian por los aires, haciéndolo chocar violentamente contra un costado del avión; quedo inconsciente…
  Silencio. Eso venia por mí, Ian solo era un estorbo para cumplir su verdadero propósito, por eso lo había alejado; mi corazón triplico su velocidad, me sentía mareada… ¿Qué hago? Me exigí saber a mi misma, sin recibir ninguna respuesta. Mis piernas pudieron moverse de nuevo, como si una pesada carga hubiera sido retirada de mi cuerpo rápidamente. Me precipite al cuerpo de Ian, que yacía en el suelo, con un hilillo de sangre emanando de su boca; un nudo se formo en mi garganta, tome su rostro en mis manos esperando que reaccionara pero no lo hizo.
       -Amor, despierta por favor… te necesito- susurre, poniendo mi frente junto a la suya-. Despierta, por favor.
  Otra ráfaga de viento me hizo estremecer, me coloque frente a Ian para defenderlo, aunque fuera en vano. No permitiría que eso le hiciera daño alguno, tendría que matarme primero; suspire, esperando que aquello se materializara frente a mí. Te amo, Ian. No te preocupes por mí, no dejare que te dañe… le jure mentalmente, mirándolo por ultima vez.
       -¡Da la cara, cobarde!- grite hacia ningún lugar, intentando hacerlo mostrarse-. Aquí estoy, si vienes por mí te estoy esperando.
  Escuche una carcajada macabra venir desde todas las direcciones, entonces mire el ala del avión, Bruce y Aarón se acercaban rápidamente, mire a Ian. Por favor, sálvenlo… dije mentalmente, esperando lo peor; que sucedió inmediatamente, algo me tomo por el tobillo haciéndome caer de espaldas y me arrastro lejos de ellos. Cerré los ojos, no importaba lo que pasara conmigo, tenían que salvar a Ian, Algo golpeo mi cabeza con violencia y sentí como mi cuerpo cedía ante una fuerza desconocida; mi pierna izquierda giro velozmente y hubo un crujido indoloro al principio, pero luego fue insoportable, entreabrí los ojos y busque a tientas el ángulo de mi pierna. Estaba en un ángulo totalmente anormal; gracias a Dios aun no me sentía capaz de llorar o gritar, aun estaba inmersa en un estupor desconocido.
  Mire a todos lados buscando algún indicio de lo que había arrastrado hasta ahí, pero no había nada… ni siquiera alguna presencia perceptible para mí, no escuchaba cuchicheos o balbuceos de ninguna dirección, todo estaba en un sepulcral silencio, Obligue a mi cuerpo a levantarse, manteniendo presión en mi pierna para no gritar a causa del dolor, me apoye en una pared controlando mi respiración y ahogando el grito que estaba por salir de mi garganta, cuando apoye el pie; tenia una fractura en la pierna, a la altura del fémur. Chasquee la lengua para ignorar el dolor; suspire cerrando y abriendo los ojos, percatándome de la profunda oscuridad en la que me encontraba, no podía ver nada, era una oscuridad insondable… aplastante, sofocante. Pero no era absoluta, no mientras yo aun pudiera respirar y moverme, pero no sabia cuanto tiempo duraría esa condición; mi mente se lleno de imágenes, imágenes alegres, relacionadas estrechamente con algunos momentos vividos con mis padres, con mis amigos… y con Ian. Oh, Ian… gemí mentalmente, ¿Cómo estaba?, yo deseaba que estuviera bien… y que no le permitieran venir a buscarme, no teníamos porque morir los dos, mi ausencia bastaría para causar un dolor terrible en los que me apreciaban. Trate de buscar algún rayo de luz en esa oscuridad, pero no lo había, sin embargo, poco a poco mis ojos fueron adecuándose a la oscuridad de aquel lugar.
       -¿Hola?- farfulle en voz baja.
  No hubo otra respuesta, mas que el incesante eco que produjo mi voz. Había sonado quebrada, dudosa y temerosa; realmente no había esperado una respuesta, no sabía que me asustaría más… el hecho de estar sola con una fractura o en compañía del responsable de mí herida. Me esforcé por dar un par de pasos, tanteando el lugar con mis manos, necesitaba saber donde estaba, no solo por el deseo de encontrar un lugar donde ocultarme, también porque sentía que la oscuridad era el medio ambiente propicio para esa cosa. No sabia si era una cosa, pero yo, con cada segundo que transcurría, lenta y paulatinamente, me volvía presa del pánico. La desesperación se estaba apoderando de mí, la necesidad de gritar se hacia más y más fuerte; di un paso en falso y caí de bruces contra el suelo, algo se clavo en mi pierna herida y eso produjo en mí un fuerte jadeo, al mismo tiempo que arañaba el suelo para mitigar un poco el dolor. Resople y volví a levantarme, negando con la cabeza; no iba a volver a ser una carga, no dejaría que eso me matara si al hacerlo lastimaría a las personas que amaba; eso se acababa aquí y ahora, la lucha era mía, así como lo había sido la pelea con Kristen… pero yo no lo había visto de esa forma, después de esa experiencia algo había aflorado en mí… era el momento de probarlo. Me erguí lentamente, volviendo a gemir silenciosamente por el dolor de mi pierna, quise sacar todo el valor que seguía dormido en algún lugar recóndito en mi cuerpo; ¡Aparece de una vez! Grite mentalmente,  no supe el porque de mi repentina conciencia, de que eso solo se comunicaba de esa forma, solo por la vía mental… por eso sentía una aplastante ira en mi cabeza, solo era mental; respire pacientemente, esperando una respuesta a mi exigencia, pero no la hubo.
  Otra carcajada, mas presión en la oscuridad, me sentí ahogada… como si alguien estuviera ahorcándome desde atrás… no podía moverme, algo además presionaba mi pierna, como si deseara que yo gritara. No lo haría, no alimentaria su egolatría al demostrar mi debilidad, no lo haría, no lo haría; di un paso forzoso, luego otro, y eso desapareció. Estaba sudando, y podía sentir la alegría de esa cosa al verme indefensa, pero terca en no rendirme; le estaba tornando el juego más divertido. Maldita sea… gruñí, ¿Qué iba a hacer?, ¿rendirme y morir, o pelear y morir? En ambas el desenlace era el mismo, pero con la segunda moriría con orgullo, y eso no podría hacer nada contra ello, no podría decir que había muerto sin pelear, no podría hacerlo… Pelearía, estaba decidido, aunque muriera… no me importaba, iba a hacerlo. Una presencia se mostro, su aura era borgoña y su fuerza podía palparse con facilidad, el miedo que inspiraba me hizo estremecer; sus ojos eran espeluznantes, amarillos, parecía un demonio que se movía en cuatro patas acortando la distancia con parsimonia. Vi su sed de sangre, tan fácil como note sus enormes caninos… como si sonriera burlonamente al saber que yo no podía hacer nada ante su imponente presencia; se quedo quieto, unos metros frente a mí, mirándome fijamente… atento a cualquier movimiento. Mi cuerpo se paralizo, caí de rodillas frente a él, esperando mi inevitable muerte; pero no deje de mirar aquellos profundos ojos amarillos, aunque lo describía como un demonio, tenia la apariencia de un animal, orejas largas y puntiagudas, pelaje rojizo, similar al de un zorro, pero casi cuadruplicaba la altura de uno. ¿Qué eres?, pregunte sin desviar la mirada
  Una mascota, respondió una voz completamente desconocida, dentro de mi cabeza. Lo que te matara si te mueves de una forma que lo haga sentir amenazado, continuo aquella voz con suficiencia. Trague saliva, permaneciendo inmóvil ante la mirada del descomunal animal que seguía quieto frente a mí. Un mareo estuvo por desestabilizarme,  pero solo logro que cerrara los ojos un segundo. El animal desapareció cuando los abrí. ¿Dónde estaba?, se movía en la oscuridad con gracia y facilidad, tan fácilmente como le resultaría matarme; me enderece, parándome de nuevo y sentí su respiración en mi cuello, seguida de un gruñido canino. Lo mire de reojo, sin mover un musculo, no había nada… pero la sensación permanecía latente; mi corazón volvió a acelerarse, y empecé a sudar frio, otra gota me recordó el forúnculo  en mi nuca. El dolor me hizo saber que estaba viva, no de una forma que hubiera deseado, pero me hacían sentir más viva que nunca; volví la mirada al frente, tratando de serenarme; algo se movió en la oscuridad, una silueta humanoide que se movió grácilmente y el animal paso a mi lado para encontrarse con él en las sombras. La demoniaca luz que emanaba del animal me permitió reconocerlo a medias…
  Alto, musculoso, la piel perfectamente lisa, pómulos altos, manos poderosas, el cabello negro, labios carnosos… sus ojos, unos ojos que reconocería en cualquier lugar, no era la persona en la que yo los recordaba, pero era él… no me cavia la menor duda; no podía equivocarme y menos con respecto a él. Vestía pulcramente, pantalones un tanto ajustados, negros, zapatos relucientes… que refulgían bajo la luz emanada de su mascota, una chaqueta de cuero que le daba un aspecto de chico malo. Pero no era otro que mi mejor amigo, o a la persona a la que consideraba mí mejor amigo: Michael. Él sonrió malévolamente al darse cuenta de que yo lo había reconocido, a pesar de que mostrara su verdadero cuerpo y apariencia; aunque no comprendía como podía ser posible, pero luego de la aparición de aquella cosa… nada en mi cabeza tenia mucho sentido. Esa cosa no era normal y su mirada, además de profunda y aterradora, mostraba inteligencia… y no parecía ser sumisa ante Michael, él mismo la miraba como si la amara, o la quisiera mucho; otra cosa que no cuadraba en mi mente, ¿Cómo podía ser? Espere a que mi corazón se acompasara para poder articular una frase concreta y coherente, había muchas preguntas que rondaban mi cabeza, tantas preguntas como reclamos que exigían ser calmados; Michael sonreía mientras me miraba fijamente, su sonrisa era cínica, una que nunca había visto en todo el tiempo que habíamos sido amigos. Ahora no parecía protector, parecía querer matarme inmediatamente, ansiaba hacerlo… igual que como la cosa que lo acompañaba ansiaba probar mi sangre; respire hondo, calmando todo mi cuerpo, para que mi voz no sonara hueca o temerosa.
       -Así que… ¿ese es el verdadero tu?- inquirí mirándolo fijamente.
       -Si, ¿te gusta?- respondió mientras pasaba una mano por la cabeza de esa cosa.
       -Claro, si tu definición de gustar es que casi haya muerto de un paro cardiaco, entonces… me fascina- conteste con sarcasmo.
  Su risa fue demasiado armoniosa y fuera de lugar, como si su risa fuera un destello blanco en medio de la oscuridad que nos rodeaba.
       -Pero supongo que no sabes quien es ella- murmuro, mirando a la criatura.
  Negué con la cabeza, sonriendo de la forma más convincente que encontré. Al menos ahora tenia claro que se trataba de un alguien, y no de un algo… como había creído al principio.
       -Es Kristen- respondió con sequedad.
  La sangre descendió de mi rostro haciéndome palidecer. ¿Kristen?, ¿Cómo era posible?, ella había muerto, Ian la había matado, o ¿no? Mis manos se helaron, al ver que aquel animal esbozaba una sonrisa maquiavélica; la vida humana era nacer, crecer, reproducirse y morir, había algo sobre trascender, mutar o algo de otras vidas… incluso algo sobre la transformación en algún otro ente, pero jamás había escuchado algo sobre  el cambio de un humano a un animal. Y mucho menos en algo tan espeluznante como ese ‘’zorro’’, que parecía una quimera. Kristen me miro a los ojos, sin dejar se sonreír.
       -¿Kristen?- repetí con palabras, procurando no demostrar mi miedo.
       -Así es, es mi querida hermana Kristen- respondió Michael  con una leve sonrisa-; y esta encantada de verte aquí ahora.
  Entonces… todo cobro un  tétrico sentido, era ella la que quería matarme; no solo por venganza, sino porque me culpaba a mí directamente de su muerte. Ya no importaba como diablos se había transformado en eso que era ahora, era lo que menos me importaba, lo que importaba era lo peligrosa que era realmente esa criatura y cuanto daño era  capaz de hacer. Kristen era malvada, no tanto como su hermano había demostrado serlo pero lo era, y además de ello estaba enfurecida conmigo por estar con Ian. Ahora si mi muerte era inminente, Kristen me odiaba y su hermano, que se había infiltrado en mi vida, la apoyaba; él me había llevado a ese lugar.
       -No lo entiendo, Mike- trate de abogar con ese lado tierno que conocía de él-. Tu y yo…
       -Tu misma dijiste que no había un nosotros, Natalia- murmuro él sin amedrentarse, pero una sombra nublo su mirada-. El plan era simple, pero tú no te adecuaste a él… Derek me estorbaba para estar contigo, por eso lo aleje… pero tú…- gruño, al unisonó con su hermana- huiste a Baltimore en lugar de buscarme, eso rompió mi corazón, Natalia…
     ‘’Fuiste a Baltimore y te inmiscuiste en los planes de mi hermana para recuperar a Ian, y la orillaste a morir en manos del hombre que amaba- continuo él, dejándome aun más perpleja que cuando había llegado-. Pero nuestro padre aunque es bueno, bondadoso y tiene mucho Poder; no pudo hacer nada para traerla de vuelta, tan solo pudo hacer eso… moldear su alma para crear algo digno de su Poder. Una quimera, una unión de lobo, zorro y coyote, un animal inteligente, escurridizo, salvaje y poderoso.
  Michael acaricio la cabeza de la quimera, el animal respondió a la caricia con un gesto cariñoso, a pesar de su imponente maldad pude verlo; ella lo amaba, era un franco amor de hermanos.
       -Entonces…- inicie, sopesando las palabras que estaba por decir-. ¿Quién de ustedes va a matarme o a atacarme primero?
  Ninguno respondió, pero la quimera se movió velozmente en mi dirección, apresando mi brazo derecho en sus fauces; grite con fuerza al sentir la presión y sus colmillos perforando mi piel, como si se tratara de filosas navajas. La sangre salió a borbotones de las múltiples heridas de mi brazo, el olor me hizo tambalear, pero Kristen parecía disfrutarlo mucho, el sabor y el sonido de mis gemidos y alaridos de dolor. Ella siguió mordiendo hasta que otro de mis huesos empezó a ceder por culpa de la presión; el dolor de la fractura de un hueso era indescriptible, ya lo había sufrido dos veces, y aun tenia una fractura en la pierna… de la que soportaba el dolor, solo porque mi vida dependía de ello; pero no sabia que haría al tener otra fractura. La pierna me impedía correr o moverme con rapidez, no podía darle pelea a Kristen, no en esa condición, y ahora preocupándome por un brazo también; no tenia oportunidad, pero al menos Ian estaba a salvo con Bruce y Aarón. Caí al suelo, dominada por el peso de Kristen, mire a Michael… su rostro seguía impávido, con la boca torcida en una sonrisa tétrica; luego cerré los ojos no había más que esperar, el dolor de ambas fracturas estaba apoderándose de mi fuerza, me estaba agotando, pero mucho más rápido de lo que hubiera podido imaginarme. Algo más estaba robándose mi energía, dejándome totalmente vulnerable ante mi atacante.
  Todo se volvió oscuridad, sabia que Kristen seguía arremetiendo contra mi cuerpo, una y otra vez, abriendo múltiples llagas en todo mi cuerpo, esta vez sin pretender fracturarme ningún hueso; ya no podía moverme, y el dolor era lo único que me mantenía consciente; cuanto deseaba que fuera eso mismo lo que me provocara la inconsciencia, para no tener que seguir sufriendo todo esto. Trate de concentrarme para que la imagen de Ian se apoderar de mi mente y alejara cualquier rastro de miedo o dolor, y lo logre. Sus ojos azules, su rostro marmóreo, su inigualable sonrisa; aun me parecía ilógico que alguien como él estuviera conmigo, pero ya no dudaba de su amor, y me constaba cuanto me amaba, aunque no estuviera conmigo en ese momento, desde donde estuviera… él estaba preocupado por mí, y estaba tratando de encontrarme… si ya había reaccionado y no estaba herido. Mi madre, mi padre y Mitch, debería estar igual de preocupados por mí… y por mi repentina ausencia; seguramente culparían a Ian por no haberme protegido, pero él no tenia la culpa.
  Oh, Dios…ellos no pueden verme así… gimotee al imaginar mi cuerpo lleno de marcas de mordidas, dos huesos rotos… prácticamente deshechos. No, ellos no podían  verme así, porque si Kristen era un animal salvaje…  ¿Por qué no desaparecía todo vestigio de mi extinta vida? Sonreí mentalmente sin gracia, ella no haría eso, disfrutaba… al igual que Michael, ver como sufrían los demás con sus maldades. Recordé el video que había hecho para atormentar a Ian, ella jamás le permitiría hacerse conjeturas sobre mi muerte, ella le demostraría que cualquier conjetura era poca cosa, comparada con lo que había sucedido realmente conmigo.
  La muerte no llegaba, yo aun respiraba, sentía el aire entrando a mis pulmones, aunque con cierta dificultad; pero el ritmo fue estoicamente  interrumpido, la que unas afiladas y poderosas garras acuchillaron mi pierna herida; me enderece, solo para ver que la herida era tan profunda que podían vislumbrarse los huesos de mi pierna. Mi cabello estaba enmarañado, lleno de la sangre que rodeaba mi cuerpo; todo me dolía… pero aun podía moverme un poco…
       -Kristen…- la reprendió Michael con parsimonia-. Ya basta, déjala desangrarse; perforaste la aorta… tiene un par de minutos, lo que tardaran esos idiotas en encontrarla.
  La quimera se alejo de mi cuerpo. Así que solo eran un par de minutos, era la primera vez que la muerte me sonaba mas a un premio que a algo doloroso; finalmente moriría, el dolor se iría, me abandonaría y yo me iría. El dolor de abandonar a Ian y a mis padres me atormentaba, pero… yo sabía que todos estarían felices de que mi penosa agonía terminara, aunque ese fuera el único resultado posible. Suspire, escuchando los pasos de la quimera y Michael alejándose de mí… junto con unos jadeos desesperados aproximándose… Ian, te amo… pensé, dejándome caer…